Mincyt abre taller para pensar la ciencia en el escenario de la crisis planetaria

Prensa Mincyt .-  Hace unos días, inició una nueva edición del taller “¿Qué significa pensar la ciencia ‘desde’ América Latina?”, dirigido a docentes de los Semilleros Científicos, investigadores y a trabajadores del Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt).

De acuerdo con la ministra Gabriela Jiménez-Ramírez, esta actividad busca impulsar un verdadero espacio de debate para pensar el mundo, pero pensarlo desde la realidad latinoamericana y venezolana, desde la historia y la espiritualidad.

La titular del Mincyt expresó que el pueblo investigador tiene el compromiso de buscar alternativas para la construcción de un mundo otro, y abrir la discusión de si la ciencia es suficiente para ello.

“El mundo vive cambios profundos, no solo en la geopolítica mundial, sino en las condiciones planetarias. Tenemos la responsabilidad de pensar, de forma profunda, qué nos ha traído a esta crisis. ¡Debemos avanzar desde la conciencia! Debemos entender que la ciencia no es el único saber”, manifestó.

A mirar nuestra realidad

Los biólogos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), Francisco Herrera y Daniel Lew, son los facilitadores del taller que usa, como base para la discusión, el libro del escritor descolonial Juan José Bautista ¿Qué significa pensar ‘desde’ América Latina?, en el que destacaron la importancia de avanzar en conversaciones que sirvan para buscar alternativas para mejorar los mecanismos de producción mundiales, así como para alcanzar métodos que permitan ayudar a superar la grave crisis ambiental que vive todo el planeta.

En este sentido, el científico Francisco Herrera  comentó: “Tenemos la posibilidad desde la perspectiva científico-técnica de generar un debate sobre qué está detrás de la crisis ambiental planetaria, como herramienta para determinar los mecanismos para abordarla (…). Nosotros, Daniel y yo, como ecólogos, estamos muy preocupados por esta situación que está ocurriendo y a la que se le está dando una respuesta geopolítica que enmascara las causas reales, el acceso a la naturaleza”.

De igual manera, Herrera aplaudió la iniciativa de crear este tipo de talleres en el Mincyt puesto que, a su juicio, desde este ente se puede llegar a producir un despertar de la conciencia de la comunidad científica nacional sobre estos temas de vital importancia para el mundo.

Si algo no funciona: cámbialo

Por su parte, el investigador Daniel Lew insistió en que es necesario ejecutar acciones diferentes a las que se toman actualmente para abordar la crisis ambiental planetaria, al tiempo que enfatizó la urgente necesidad de replantear los ejes de pensamiento para lograr un cambio real.

“Ya sabemos lo que el patrón de conocimiento y la forma de abordar la realidad que tenemos es capaz de alcanzar. Cuando las herramientas con las que uno elabora esas ideas están formuladas bajo esa lógica es muy difícil salirse del camino para que no te conduzca nuevamente al mismo lugar.  No se puede pretender resultados diferentes haciendo lo mismo, y esto necesariamente nos llama a pensar a dónde hemos llegado y cómo tomamos la dirección correcta para evitar el desastre”, resaltó el estudioso.

De igual manera, el especialista aseguró que el mundo debe pensar nuevas lógicas que brinden una relación diferente con la naturaleza y el planeta. “Tenemos que sembrar la duda razonable sobre la necesidad de modificar la forma como estamos planteando la consecución del conocimiento”, subrayó.

Estado consciente de los cambios

Por su parte, el viceministro para Investigación y Aplicación de Conocimientos, Francisco Durán, declaró que este debate, además de aportar ideas en función de la conservación del planeta, también permite avanzar en la descolonización del pensamiento y del saber.

“Esta iniciativa generada desde el Mincyt busca recurrir al debate, al foro abierto, sobre la colonialidad del saber”, enfatizó.

Además, afirmó que esta discusión marca un cambio y apunta a que la institución se mueva hacia la argumentación de nuevos planteamientos que podrían servir para trazar nuevas hojas de ruta que permitan una transformación verdadera

Científico del IVIC: La Tierra está enviando señales contundentes de agotamiento

Prensa Mincyt/Marlene Otero.- Investigador venezolano afirma que, desde hace más de una década, el planeta está enviando “señales contundentes de agotamiento”.

Según Francisco Herrera, ecólogo con interés en el tema de la soberanía alimentaria  e investigador del Laboratorio de Ecofisiología Vegetal en el Instituto Venezolanos de Investigaciónes Científicas (IVIC), “la capacidad de la Tierra para la provisión de los recursos —que, por cierto, buena parte de la humanidad asumió como que era deber del planeta proveerle— se ha visto mermada. Se pensó que, con la cuarentena por COVID-19, el planeta iba a estar mejor”; sin embargo, afirma que aunque las personas se encuentran encerradas, siguen alimentándose, consumiendo una gran cantidad de energía, manteniendo el mismo estilo de consumo y generando una gran cantidad de gases de efecto invernadero.

Explica que el modelo agroalimentario industrial genera gases de efecto invernadero a tasas muy elevadas —especialmente gases muy tóxicos como los nitrogenados y el metano—;  y “eso no cambia en pandemia”: podrían haberse producido incluso más alimentos, en este tiempo. A pesar de que haya habido menos vuelos o circulación de automotores, “esa merma tampoco es tan significativa”.

En este sentido, aclara que un año de variaciones en las emisiones de gases de efecto invernadero no es fácil de percibir en un proceso acumulativo de 200 años.

Cultura occidental y su lógica de muerte

El científico del IVIC alerta que es urgente un cambio de sistema. Este viraje implicaría, según Herrera, no el debate del Foro de Davos —que reúne a los países con las economías más grandes del mundo—, y que plantea un reseteo del capitalismo, sino buscar “cosas más profundas”.

El investigador considera que el primer gran cambio que se debe promover es el desplazamiento de la cultura occidental que sustenta una lógica del “desarrollo” a partir del crecimiento ilimitado económico y científico-tecnológico, la cual busca un cambio permanente hacia  “todo lo material” y muestra una permanente necesidad de consumo que “está secando el planeta”.

Ante ese modelo, reivindica los conceptos de bienestar, buen vivir y soberanía, mediante los cuales los pueblos podrían vivir de manera organizada y consensuada desde sus diversas culturas y “hacia la satisfacción de reales y sentidas necesidades”.  

Aprendizajes pospandemia

En torno a los efectos que se estarían produciendo en el planeta producto de la pandemia por el SARS-CoV-2, el ecólogo considera que se estaría observando un resquebrajamiento de los sistemas de salud y del llamado estado de bienestar de países como los de Europa —que pasó décadas asumiéndose como el referente de “progreso” del mundo—; así mismo, se estarían observando, por momentos, estados de resiliencia y hasta situaciones de desesperación entre las personas.

Lo anterior se une a la que señala como una  “grave crisis del capitalismo”, sistema que estaría colapsando desde el año 2008 —dicho por todos los economistas del planeta—, lo que se traduciría para los pueblos en hambre por falta de alimentos, bloqueos, incremento de la minería, quema de la Amazonia para ampliar la frontera agrícola. Aunque advierte que los líderes de este sistema “harán todo lo posible por salvar el sistema”, en especial su aparato financiero, entre otras medidas “van a militarizar el acceso a recursos y  territorios”.

Frente a este panorama, el ecólogo manifiesta que los pueblos del mundo —formados por miles de millones de personas quienes tendrían mayor capacidad de transformación de la situación actual, que sus propios representantes— estarían  viendo lo que está sucediendo y estarían actuando, “unos en resistencia y otros en revolución; es decir: están transformando”.

Agrega que la situación estaría muy tensa en los próximos años y llega a pronosticar que “pudiéramos estar viviendo un ciclo de transformaciones que no se veía desde hace 500 años”.

Legislaciones para proteger la naturaleza

Respecto a la interrogante sobre los derechos de la naturaleza, el científico sostiene que, dentro del sistema-mundo moderno/colonial, “estos no se discuten porque la naturaleza no es considerada sujeto de derecho”.

Indica que solo en la Constitución de Ecuador se ha planteado esta inclusión y ha generado muchos debates. Además, cree que habría que plantear una reinvención cultural del derecho tradicional, porque lo jurídico también lleva la carga colonial que separa al hombre de la naturaleza y lo considera superior, con derecho a explotar, consumir y controlar la Tierra.

Frente al tema, sugiere asumir más que garantías legales, una relación cultural amorosa, de respeto, del ser humano con la madre tierra, como una parte constitutiva de esta, porque “no estamos separados de la naturaleza, sino que formamos parte de ella”.

Recomienda que, al hablar de la naturaleza, debe hacerse con proyecciones para las próximas décadas, porque “de lo productivo” se habla en función de  años y lustros, pero “lo de la naturaleza en es torno a construcción de futuro”; por ello, apoya que en el país se democraticen los debates respecto a estos temas, en tanto que “esto genera conciencia y, sobre ella, se toman acciones políticas”

Científicos cuestionan papel de la ciencia y el desarrollo ante crisis ambiental

Prensa Mincyt/IVIC.- Hoy en día, el discurso dominante de la ciencia está siendo objetado por un grupo de científicos venezolanos, quienes la señalan como la responsable de la actual crisis ambiental que enfrenta la humanidad.

Seis estudiosos de la materia se dieron cita en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) para responder la siguiente interrogante: ¿Está la ciencia a favor o en contra del desarrollo? Partiendo de la premisa de que la ciencia y el desarrollo deberían ir de la mano a fin de encontrar las soluciones a los distintos problemas que aquejan a la humanidad.

“Lo que está ocurriendo en el planeta tiene explicaciones, pero dentro del sistema no se permite entender ni transformar el problema. Esta crisis no está dada porque es el devenir de la humanidad, sino que viene dada por una culturalidad que pareciera estar en guerra con la naturaleza y con buena parte de los seres humanos”, aseguró Francisco Herrera, investigador del Centro de Ecología del IVIC y promotor del encuentro.

A juicio del ecólogo del IVIC, la ciencia y el desarrollo son parte del problema, porque mientras todos piensan que hace falta más desarrollo, en el fondo lo que se está diciendo es que hace falta más guerra contra la naturaleza y explotar más a las personas.

Es la crisis ambiental planetaria la que acabará con la vida en la Tierra. “Un capitalismo que requiere de esos recursos naturales para mantenerse creciendo. Unos territorios donde ya no alcanzan para repartir y que la ciencia les dice ‘yo te puedo seguir dando más naturaleza’”, señaló.

De acuerdo con Herrera, “parte de la solución radica en replantearse el problema, comprenderlo, generar conciencia y, por último, que aparezcan las transformaciones”.

Entretanto, Alexis Lozada, director del Centro de Estudios Ambientales de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), plantea cómo debería contribuir la ciencia al desarrollo dentro de un nuevo constructo ideológico. Asimismo, propone hacia dónde se debe ir.

Para el experto, la obra de Walter Benjamin, Alerta de incendio, la inercia suicida, escrita en 1940, en la actualidad está más vigente que nunca.“Benjamín nos habla desde dos posturas: una, según la cual se debe tener un pesimismo a ese futuro del progreso; y otra, que es el optimismo hacia donde nos puede llevar en caso de no ver lo negativo. ¿La ciencia está al servicio de quién, de los oprimidos o de la burguesía que persigue la acumulación de capitales? Nuestra ciencia no debe seguir apoyando esto”, sentenció Lozada.