Venezuela estrena documental que muestra el valor del conocimiento en la lucha contra la COVID-19

Prensa Mincyt.- Venezuela presenta un registro audiovisual único, con testimonios y análisis del núcleo de la ciencia, de cómo una nación, asediada por intereses imperialistas, ha respondido ante la pandemia de COVID-19. Un grupo de biólogos/as, virólogos/as, médicos/as, investigadores/as cuentan sus historias en esta extraordinaria batalla para salvar vidas.

El documental, titulado «COVID-19 en Venezuela. Con ciencia de pueblo», estrenado este domingo 4 de abril, resalta el valor del conocimiento, de la tecnología y la innovación criolla como procesos transformadores de la sociedad, que inciden en la vida cotidiana.

Esta producción especial, realizada por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt), es una expresión audiovisual sobre aprendizajes, recorridos, investigaciones, innovaciones tecnológicas, escenarios y desafíos futuros que nos deja la pandemia, a través del testimonio de 14 científicos y científicas de Venezuela.

Siete meses de rodaje en 55 minutos de memoria colectiva, a corto y largo plazo, del trabajo de la patria de Bolívar hecho frente a la pandemia. Este documental narra el entendimiento del momento histórico por parte del pueblo venezolano, como el principal elemento que suma a la actividad gubernamental y científica la actual pandemia provocada por el SARS-CoV-2.

Este primer largometraje de la ciencia venezolana durante el confinamiento por la COVID-19 fue realizado por Marcos Mujica (producción, cámara y posproducción), Nerliny Carucí (guion), Karina Depablos y Jonnathan Gudiño (asistencia de producción).

El trabajo audiovisual reúne las voces siguientes:

— Héctor Rangel, doctor en Virología.

— Gabriela Jiménez-Ramírez, magíster en Biología.

— Palmira Guevara, doctora en Biología Celular.

— Domingo Garzaro, biólogo.

— Lesbia Muro, magíster en Epidemiología y doctora en Seguridad de la Nación.

— Gregorio Sánchez, doctor en Salud Pública.

— Soriuska Mayora, magíster en Inmunología Básica.

— Esperanza Briceño, magíster en Farmacoepidemiología.

— Aligi Cipolletti, magíster en Gerencia de Transporte.

— Amílcar Vitriago, ingeniero mecánico.

— Alejandro Cavolina, innovador tecnológico.

— Manuel Moya, magíster en Micología.

— Alexis García, magíster en Inmunología Clínica.

— Franklin Claro-Almea, bioanalista.

Venezuela fomenta festival de dibujo infantil sobre las mujeres en ciencia

Prensa Mincyt.- El Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt) invita a todos los infantes y adolescentes venezolanos a expresar lo que piensan e imaginan en un festival virtual de dibujo por el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

El Festival Virtual de Dibujo Infantil «La ciencia tiene quien la pinte» abre un escenario para que la infancia venezolana plasme sus ideas sobre la participación de las mujeres en la ciencia.

Se trata de una experiencia pedagógica del programa nacional Semilleros Científicos para que niños y niñas fortalezcan su potencial creativo, el amor y la valoración por una ciencia matriarcal, de cuido de la vida, de la comunidad.

Para la ministra de Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez-Ramírez, el dibujo constituye una forma de expresión y de conocimiento que expone el modo que tienen las personas de comprender la realidad o situarse frente al mundo.

“¿Eres niña?, ¿niño? ¿Cómo te imaginas a las mujeres de ciencia? ¿Cómo crees que piensan? Responde con un dibujo y muéstralo en las redes sociales (Twitter, Facebook,Instagram) con la etiqueta #DibujaConCiencia. Participa en nuestro Festival Virtual de Dibujo Infantil «La ciencia tiene quien la pinte»”, manifestó.

Detalles para participar
Los niños, las niñas y adolescentes interesados en participar deben publicar sus obras en las redes sociales (Twitter, Facebook,Instagram) hasta el próximo 21 de febrero, con la etiqueta #DibujaConCiencia.

El festival abraza las categorías semillita (4 a 7 años), infantil (8 a 12) y adolescentes (13 a 17).

La técnica del dibujo es libre, mientras sea manual, en cualquiera de sus expresiones y manifestaciones. No hay límites para la imaginación de los más pequeños y consentidos del hogar.

El dibujo debe tener escrito, de forma LEGIBLE, el nombre del autor y el nombre de la obra, así como el grado que estudia (este requisito es solo si está escolarizado) y la ciudad.

El conocimiento, un derecho de los pueblos

El término ciencia proviene del latín bajo el vocablo scientia, el cual, a su vez, remite a “conocimiento”. Hablamos de un tipo de conocimiento que se desarrolla bajo ciertas reglas específicas integradas y articuladas en un método, a través del cual se producen teorías sistematizadas que permiten describir y explicar diversos fenómenos naturales o sociales.

Este conocimiento es producido y compartido por una determinada comunidad científica de la cual forman parte aquellas personas que se han preparado a través de programas de estudio en diferentes áreas de especialización y quienes manejan ese conocimiento en el mundo científico y lo difunden hacia otros sectores de la sociedad. De esta forma, el conocimiento científico también es aplicado para la solución de infinidad de problemas en todos los ámbitos de la vida humana.

Buena parte de los impactos de este conocimiento lo podemos observar en nuestra vida diaria: prácticamente todos los objetos, desde los más sencillos, hasta las más complejas instalaciones y equipos, tienen una base científica y tecnológica. Ahora bien, aun cuando la ciencia y los resultados de la aplicación del conocimiento científico conviven con nosotros, no necesariamente tenemos mayor conciencia acerca de la variedad de factores, actores e intereses que se mueven en el entramado del mundo científico y, muy especialmente, en su vinculación con diversos intereses y centros de poder.

Hemos acuñado la idea, bastante ingenua, según la cual la ciencia es absolutamente “objetiva” y “neutral” y su quehacer se remite exclusivamente a producir conocimiento dedicado al bienestar de la humanidad, propósito este que, no dudamos, seguramente comparte la gran mayoría de quienes forman parte de la comunidad científica. Sin embargo, estos criterios resultan algo borrosos e insuficientes cuando examinamos la institucionalidad dentro de la cual históricamente se ha venido construyendo la ciencia en la mayor parte de la civilización occidental contemporánea.

La institucionalidad científica tradicional muestra, cuando menos, dos aspectos que dan cuenta de valores y sustentos ideológicos que no responden de ningún modo al pretendido criterio de neutralidad. Por un lado, podemos observar la tendencia de la ciencia tradicional a confinarse en su propio mundo, guiado y regido por criterios y principios internos orientados por la competencia y la jerarquización de cargos, roles y especializaciones.

Por otro lado, la ciencia y toda su institucionalidad (sus recursos, sus agendas de investigación y su desarrollo en general) están atravesadas en gran medida por intereses económicos y políticos, funcionales a los principios del capitalismo que capta y acapara el conocimiento científico para industrializar con criterios de mercantilización todas las áreas de producción, servicios y consumo de las sociedades actuales, como por ejemplo alimentos, farmacología, petróleo, comunicaciones, salud.

Ninguna de estas consideraciones son novedosas ni recientes. Muy por el contrario, son planteamientos críticos recurrentes a lo largo del desarrollo mismo de la ciencia, muchos incluso han surgido dentro del propio mundo científico.

En ese sentido, se observan corrientes de pensamiento que plantean la vinculación de la ciencia con conceptos tales como “ciencia abierta”, “accesibilidad al conocimiento”, “conocimiento colaborativo”, así como otros con mayor radicalidad que proponen la “descolonización de la ciencia”, “la ciencia al servicio de la liberación”, “soberanía científica”, como instrumentos para el bienestar y la transformación sociales.

Nada de esto ha sido ajeno a la Revolución Bolivariana, desde donde se le ha dado una importancia de primer orden al conocimiento científico y se ha mantenido un impulso permanente para desarrollar una ciencia propia y comprometida con el horizonte de la patria buena para todos, soberana, independiente y próspera en el marco del buen vivir.

Si todos estos planteamientos tenían una gran relevancia, lo cierto es que la pandemia de COVID-19 no ha hecho sino atizar la necesidad de prestarle la máxima atención al conocimiento científico y al papel de la ciencia. En efecto, hoy, en este contexto de pandemia todos volcamos la mirada hacia la ciencia con diferentes expectativas mientras los científicos se esfuerzan al máximo para desarrollar investigaciones que permitan conocer con mayor precisión al virus y, así, poder enfrentarlo.

Al mismo tiempo, las grandes corporaciones despliegan todo su poder para captar y capitalizar el conocimiento científico que les permita mercantilizar todo lo que sea posible en relación con la COVID-19 y generar, con ello, la máxima rentabilidad; los Gobiernos, aun desde modelos ideológicos y niveles de soberanía e independencia diversos, también dirigen su atención a la ciencia; y, por último, la gente, las personas comunes y corrientes, miramos también hacia la ciencia con la esperanza puesta en que, de la forma más rápida posible, se logren tratamientos y vacunas que garanticen la vuelta a la “normalidad”.

Este escenario nos muestra que, aunque la ciencia tiene un indiscutible protagonismo en este momento, ni estos tiempos de pandemia ni los tiempos por venir de pospandemia pueden reducirse a un fenómeno exclusivamente científico.

Como suele ocurrir, el capitalismo predominante en el mundo occidental, aprovechará este tiempo de crisis pandémica para afianzar sus principios y sus lógicas mercantilistas y ejercerá todo su poder para sacar provecho de esta coyuntura. La ciencia, ¡a no dudarlo!, será uno de sus principales instrumentos.

Ante todo ello, debemos asumir un rol protagónico y enarbolar las banderas humanistas del pensamiento bolivariano y aliarnos con quienes también cuestionan e interpelan este modelo civilizatorio de la modernidad que ha puesto a la vida misma al riesgo de su extinción. También la ciencia debe ser un poderoso instrumento en esa batalla.

Hoy, ante la pandemia global, es imperativo buscar alternativas en todos los órdenes: políticos, económicos, sociales, culturales y, también, científicos. Desde ese marco, no será la tradicional institucionalidad científica la que se erigirá como alternativa.

Es necesario continuar avanzando en la construcción de una nueva institucionalidad científica determinada por una ética que, de ningún modo, asuma un carácter neutral que no existe al conocimiento producido. Una institucionalidad científica que proponga y asuma al conocimiento científico como un bien común de los pueblos y la gente, y no como una mercancía para las grandes corporaciones que lo utilizan para maximizar la rentabilidad ni para los grandes centros de poder hegemónico que lo utilizan como instrumento de dominación y sometimiento.

Fernando Giuliani

Psicólogo social