“El conocimiento debe estar a favor de la vida y de la justicia”

Prensa Mincyt.- La ministra del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez-Ramírez, alertó que, históricamente, las líneas de investigación priorizadas por la ciencia han estado orientadas a hacer funcionar un sistema basado en el capital, en la lógica de mercado, que destruye la vida toda.

“La ciencia no es objetiva. Ni en la pregunta, ni en la observación, ni en la interpretación. La ciencia está construida desde una subjetividad de dominación; si no, no fuera tan funcional al capitalismo. Es funcional a una racionalidad, que es la modernidad, de donde deviene el capitalismo”, expresó.

Para la ministra, es clave reflexionar sobre la responsabilidad social del saber ya que el conocimiento es un derecho humano universal.

“La ciencia —en palabras del maestro Dussel— que tiene una gran capacidad de ver los fenómenos ‘como son’ en la realidad, tiene una ceguera absoluta para prever las consecuencias negativas de actuar sobre esa realidad modificándola a favor del aumento del capital, no de la vida”, manifestó.

Insistió en que negar la objetividad de la ciencia, como ejercicio representacional de la realidad, como la “verdad”, lo “universal”; no niega que deba construirse una nueva “objetividad”, por un nuevo acuerdo intersubjetivo, no aceptado como tal hasta ahora.

“¡Basta de crear conocimientos que no estén a favor de la vida, ni de la justicia! Debemos crear saberes fuera del espectro de un ojo arrogante, de las descripciones de lo real que establecen los poderes hegemónicos mundiales. El conocimiento debe nutrir, cuidar, proteger; ser útil para disminuir la desigualdad, la inequidad, la injusticia, la pobreza”, enfatizó.

La titular de la cartera científica venezolana reiteró que si el saber no sirve para liberar, el deterioro de la humanidad y de sus relaciones será mayor.

El conocimiento, un derecho de los pueblos

El término ciencia proviene del latín bajo el vocablo scientia, el cual, a su vez, remite a “conocimiento”. Hablamos de un tipo de conocimiento que se desarrolla bajo ciertas reglas específicas integradas y articuladas en un método, a través del cual se producen teorías sistematizadas que permiten describir y explicar diversos fenómenos naturales o sociales.

Este conocimiento es producido y compartido por una determinada comunidad científica de la cual forman parte aquellas personas que se han preparado a través de programas de estudio en diferentes áreas de especialización y quienes manejan ese conocimiento en el mundo científico y lo difunden hacia otros sectores de la sociedad. De esta forma, el conocimiento científico también es aplicado para la solución de infinidad de problemas en todos los ámbitos de la vida humana.

Buena parte de los impactos de este conocimiento lo podemos observar en nuestra vida diaria: prácticamente todos los objetos, desde los más sencillos, hasta las más complejas instalaciones y equipos, tienen una base científica y tecnológica. Ahora bien, aun cuando la ciencia y los resultados de la aplicación del conocimiento científico conviven con nosotros, no necesariamente tenemos mayor conciencia acerca de la variedad de factores, actores e intereses que se mueven en el entramado del mundo científico y, muy especialmente, en su vinculación con diversos intereses y centros de poder.

Hemos acuñado la idea, bastante ingenua, según la cual la ciencia es absolutamente “objetiva” y “neutral” y su quehacer se remite exclusivamente a producir conocimiento dedicado al bienestar de la humanidad, propósito este que, no dudamos, seguramente comparte la gran mayoría de quienes forman parte de la comunidad científica. Sin embargo, estos criterios resultan algo borrosos e insuficientes cuando examinamos la institucionalidad dentro de la cual históricamente se ha venido construyendo la ciencia en la mayor parte de la civilización occidental contemporánea.

La institucionalidad científica tradicional muestra, cuando menos, dos aspectos que dan cuenta de valores y sustentos ideológicos que no responden de ningún modo al pretendido criterio de neutralidad. Por un lado, podemos observar la tendencia de la ciencia tradicional a confinarse en su propio mundo, guiado y regido por criterios y principios internos orientados por la competencia y la jerarquización de cargos, roles y especializaciones.

Por otro lado, la ciencia y toda su institucionalidad (sus recursos, sus agendas de investigación y su desarrollo en general) están atravesadas en gran medida por intereses económicos y políticos, funcionales a los principios del capitalismo que capta y acapara el conocimiento científico para industrializar con criterios de mercantilización todas las áreas de producción, servicios y consumo de las sociedades actuales, como por ejemplo alimentos, farmacología, petróleo, comunicaciones, salud.

Ninguna de estas consideraciones son novedosas ni recientes. Muy por el contrario, son planteamientos críticos recurrentes a lo largo del desarrollo mismo de la ciencia, muchos incluso han surgido dentro del propio mundo científico.

En ese sentido, se observan corrientes de pensamiento que plantean la vinculación de la ciencia con conceptos tales como “ciencia abierta”, “accesibilidad al conocimiento”, “conocimiento colaborativo”, así como otros con mayor radicalidad que proponen la “descolonización de la ciencia”, “la ciencia al servicio de la liberación”, “soberanía científica”, como instrumentos para el bienestar y la transformación sociales.

Nada de esto ha sido ajeno a la Revolución Bolivariana, desde donde se le ha dado una importancia de primer orden al conocimiento científico y se ha mantenido un impulso permanente para desarrollar una ciencia propia y comprometida con el horizonte de la patria buena para todos, soberana, independiente y próspera en el marco del buen vivir.

Si todos estos planteamientos tenían una gran relevancia, lo cierto es que la pandemia de COVID-19 no ha hecho sino atizar la necesidad de prestarle la máxima atención al conocimiento científico y al papel de la ciencia. En efecto, hoy, en este contexto de pandemia todos volcamos la mirada hacia la ciencia con diferentes expectativas mientras los científicos se esfuerzan al máximo para desarrollar investigaciones que permitan conocer con mayor precisión al virus y, así, poder enfrentarlo.

Al mismo tiempo, las grandes corporaciones despliegan todo su poder para captar y capitalizar el conocimiento científico que les permita mercantilizar todo lo que sea posible en relación con la COVID-19 y generar, con ello, la máxima rentabilidad; los Gobiernos, aun desde modelos ideológicos y niveles de soberanía e independencia diversos, también dirigen su atención a la ciencia; y, por último, la gente, las personas comunes y corrientes, miramos también hacia la ciencia con la esperanza puesta en que, de la forma más rápida posible, se logren tratamientos y vacunas que garanticen la vuelta a la “normalidad”.

Este escenario nos muestra que, aunque la ciencia tiene un indiscutible protagonismo en este momento, ni estos tiempos de pandemia ni los tiempos por venir de pospandemia pueden reducirse a un fenómeno exclusivamente científico.

Como suele ocurrir, el capitalismo predominante en el mundo occidental, aprovechará este tiempo de crisis pandémica para afianzar sus principios y sus lógicas mercantilistas y ejercerá todo su poder para sacar provecho de esta coyuntura. La ciencia, ¡a no dudarlo!, será uno de sus principales instrumentos.

Ante todo ello, debemos asumir un rol protagónico y enarbolar las banderas humanistas del pensamiento bolivariano y aliarnos con quienes también cuestionan e interpelan este modelo civilizatorio de la modernidad que ha puesto a la vida misma al riesgo de su extinción. También la ciencia debe ser un poderoso instrumento en esa batalla.

Hoy, ante la pandemia global, es imperativo buscar alternativas en todos los órdenes: políticos, económicos, sociales, culturales y, también, científicos. Desde ese marco, no será la tradicional institucionalidad científica la que se erigirá como alternativa.

Es necesario continuar avanzando en la construcción de una nueva institucionalidad científica determinada por una ética que, de ningún modo, asuma un carácter neutral que no existe al conocimiento producido. Una institucionalidad científica que proponga y asuma al conocimiento científico como un bien común de los pueblos y la gente, y no como una mercancía para las grandes corporaciones que lo utilizan para maximizar la rentabilidad ni para los grandes centros de poder hegemónico que lo utilizan como instrumento de dominación y sometimiento.

Fernando Giuliani

Psicólogo social

Laboratorio del IVIC se suma a la red de diagnóstico molecular de COVID-19

Prensa Mincyt.- Desde este martes 21 de julio, el Laboratorio de Biología Molecular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) se une a la red nacional de diagnóstico del nuevo coronavirus, creada por el Gobierno Bolivariano para el estudio y control del SARS-CoV-2.

Este laboratorio del IVIC se erige como la tercera estación pública que determina la presencia del virus en la población venezolana. El trabajo de diagnóstico con PCR se hará en forma complementaria y coordinada con el Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel.

En transmisión nacional de radio y televisión, el primer mandatario nacional, Nicolás Maduro, resaltó el gran esfuerzo y la loable labor que cumplen los investigadores del Laboratorio Molecular del IVIC, puesto que trabajan en la caracterización epidemiológica del virus, la secuenciación de genomas del SARS-CoV-2 que circula en Venezuela y, ahora, se suman al diagnóstico molecular.

Durante un contacto informativo, el director del IVIC detalló los estudios adelantados por la delegación criolla para identificar blancos de interferencia en la replicación del virus causante de la COVID-19; así como la caracterización de principios activos y compuestos sintéticos para empezar a modelar medicamentos en Venezuela.

«Este nuevo virus se estudia en todo el mundo y Venezuela no se queda atrás. Estamos innovando en el proceso de diagnóstico y de serología para ahorrar tiempo y optimizar los resultados. Las decisiones que en Gobierno ha tomado han sido con base en el conocimiento científico, y eso debemos celebrarlo. Treinta y un científicos venezolanos trabajan para enfrentar la pandemia a pesar del bloqueo. El 55 % son mujeres. Eso demuestra que las venezolanas están en la cresta de la ola del conocimiento», enfatizó.

Explicó que se trata de un megaproyecto, planificado para tres años, que incluye 4 subproyectos de investigación, estos son: desarrollo de posibles fármacos e identificación de anticuerpos neutralizantes; estudio molecular del virus SARS-CoV-2 circulante en Venezuela; desarrollo o validación de métodos diagnósticos moleculares o serológicos; e identificación de marcadores biológicos asociados a susceptibilidad a COVID-19.

«Es ciencia hecha en Venezuela, por venezolanos, para toda la patria, para todo el pueblo», insistió el científico Sira.

Capacidades científicas soberanas
El jefe de Estado subrayó, a su vez, que por tratarse de un patógeno nuevo, se hace necesario poner a punto una serie de técnicas básicas para la manipulación del agente, que permitan desarrollar estudios sobre el virus y sus efectos.

«Debemos dar gracias a Dios y a la vida porque tenemos estos científicos de primera línea en el país, primera línea de conocimiento, que nos ayudan en esa tarea», manifestó el mandatario.

Coordinación perfecta
Por su parte, Lesbia Muro, presidenta del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel (INHRR), explicó que Venezuela cuenta con el talento, comprometido y profesional así como con la infraestructura para hacer frente a la pandemia.

«La incorporación del Laboratorio del IVIC al proceso de diagnóstico permitirá aumentar el número de pruebas moleculares. Nos centramos en la calidad del diagnóstico, garantizamos las condiciones de bioseguridad. Un gran logro es el laboratorio móvil instalado en el Táchira. Este trabajo que hacemos da respuestas oportunas y atención de calidad a la población», señaló.

Vale destacar que los centros desde donde se lidera la investigación sobre el nuevo coronavirus incluyen al Laboratorio de Virología Molecular y Laboratorio de Biología de Virus del IVIC. Ambos laboratorios cuentan con facilidades de cultivo viral y para biología molecular. El Laboratorio de Virología Molecular cuenta con una facilidad de bioseguridad 3po BSL-3, para manipulación de virus patógenos.
Otros centros que colaboran en este proyecto son: el Laboratorio de Investigación en Productos Naturales y la Unidad de Química Medicinal, de la Universidad Central de Venezuela (UCV); el laboratorio móvil del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel (INHRR), ubicado en la frontera con Colombia, la sede principal del INHRR, ubicada en Caracas; y el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA).