Venezuela y FAO impulsan capacidades de producción de semillas certificada y artesanal de maíz

Prensa Mincyt/Karina Depablos.- Científicos venezolanos iniciaron un trabajo de investigación en el área de mejoramiento genético de semillas de maíz blanco y amarillo con el objetivo de mejorar la producción y cubrir el Plan Nacional de Siembra con cultivares locales.

Mario Santella, doctor en Mejoramiento Genético e investigador de Semillas Híbridas de Venezuela (Sehiveca), filial de Agropatria, informó que este es un proyecto estratégico conjunto entre la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Corporación para el Desarrollo Científico y Tecnológico (Codecyt), ente adscrito del Ministerio para Ciencia y Tecnología y la empresa privada Ganadería Pedro Juan 3.

“Estamos evaluando 52 materiales diferentes de maíz, entre híbridos, blancos, amarillos y variedades del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo en México. Buscamos optimizar y seleccionar aquellos de mejor condición y rendimiento genético y agronómico para que, una vez realizadas las gestiones con la Comisión Nacional de Semillas, comencemos su escalamiento comercial y ponerlos a disposición de los agricultores venezolanos”, expresó.

Para el investigador, con este proyecto, los trabajadores y productores del campo podrán cultivar con mayor eficiencia puesto que estas semillas de maíz se adaptan a las condiciones agroecológicas del suelo así como de las plagas y enfermedades.

“El objetivo es aumentar la productividad de este importante rubro en  el país. Igualmente estamos evaluando 26 materiales provenientes de las empresas semilleras nacionales, los cuales tendremos a disposición de los agricultores en mediano plazo, convirtiéndose en nuevos materiales nacionales. Esto nos va a permitir tener una mayor diversidad de cultivares de maíz. Estamos multiplicando 12 líneas parentales de híbridos de mayor uso comercial en Venezuela a través de procesos de autofecundación y cruces para el ensamblaje de estos”, detalló

Santella dijo que han avanzado en un plan para la multiplicación de semillas categoría fundación de la variedad Turén 2000, en otras palabras, un cultivar nacional con granos enteros blancos el cual se cultiva ampliamente en la zona centro occidental del país.

“Queremos avanzar hacia el logro de la soberanía alimentaria llevando la ciencia y tecnología campo adentro para el bienestar de todo el pueblo venezolano”, acotó el experto durante la instalación del Polo Científico-Tecnológico, realizado este miércoles en el Palacio de Miraflores.

Por su parte, la doctora en Ciencias Agrícolas y gerente general de Sehiveca, Margaret Gutiérrez, señaló que este proyecto de investigación es una muestra de la sinergia positiva y productiva entre la empresa privada, la empresa pública y la FAO, organismo internacional que promueve el estudio y la innovación tecnológica para optimizar las condiciones de trabajo y producción del pueblo agricultor venezolano. 

“Debemos asumir una postura no convencional para producir”

Prensa Mincyt/Karina Depablos.- De acuerdo con la ecóloga Liccia Romero, en el campo agroalimentario es necesario aplicar la innovación y el conocimiento como herramientas para el cambio y la transformación con el objetivo de generar bienestar en la población.

“Si pretendemos intervenir en una comunidad como investigadores tenemos que asumir una postura distinta a la convencional, y esto implica asumir la experiencia investigativa como una experiencia vital, una perspectiva vivencial que implica posicionarse existencialmente en el lugar de trabajo y con la gente. Además, se necesita desarrollar una investigación contextual que permita entender las distintas escalas desde lo local a lo global”, explicó.

Durante su participación en la edición del foro  telemático denominado «Ciencia, innovación y la Venezuela productiva», Romero dijo que un gran ejemplo de innovación y técnica aplicada a la producción de alimentos puede verse en los Andes venezolanos, en donde el protagonismo comunitario logró rescatar y producir exitosamente semillas de papa nativa.

“Específicamente en Mérida, allí ellos reciben el acompañamiento académico de los investigadores y técnicos para complementar la producción bajo criterios de sustentabilidad, búsqueda de excelencia, inclusión social, respeto de género, promoción e innovación y el refrescamiento generacional. El propósito de esta innovación, en la que hemos trabajado por más de 20 años, ha sido reconstruir la comunalidad de la semilla, es decir, la soberanía comunitaria de la semilla como ente biológico y sus sistemas de conocimiento asociados integrales”, detalló.

En este sentido, la investigadora resaltó que hay una clara divergencia en el mundo de la semilla corporativa y la semilla campesina que repercute en la biodiversidad y en el producto final que llega a los hogares venezolanos.

“El mundo de la semilla campesina está integrado por pequeñas unidades de producción, esos conucos y huertas bajo manejo familiar que se relacionan entre ellas y forman parte de una serie de elementos y de institucionalidad campesina para ayudar a todo lo que es su reproducción, y diversificación, mantenimiento y su circulación”, expresó.

La investigadora señaló que, gracias a la Alianza Científico-Campesina, se ha logrado crear una red de semilleristas en varios estados del país que busca la conservación, masificación e intercambio de semillas autóctonas no solo de papa sino de diversos rubros venezolanos.

 “Para encarar la producción de papa nativa y cubrir el andamiaje nacional falta un tejido sociocomunitario que tenga una conexión real con los sistemas campesinos. El trabajo debe ser crear un puente entre la semilla campesina y la reproducción para la producción nacional.  Desde 2015, comenzamos un proyecto comunitario que es una red para la conservación e intercambio de las semillas de papas nativas, donde el protagonismo lo tienen los maestros y las maestras semilleras”, indicó.

Agregó que las comunidades organizadas tienen la iniciativa y la capacidad de innovación “solo requieren asistencia técnica y seguimiento en los procesos, así como apoyo en la industrialización, la distribución planificada, financiamientos y en la inclusión del sector en las políticas públicas en los niveles local y nacional”.

La ecóloga Liccia Romero subrayó que, con la llegada de la pandemia, se registró un valor agregado en el proceso de transformación alimentaria pues hubo un importante despegue en la participación de las mujeres, así como los jóvenes en zonas rurales.

“Es importante atender la sustentabilidad generacional del conocimiento, es decir, que la población se mantenga en el campo. Hay que abocarse a esta polarización entre ciencia y comunidad. Para mí, hay muchas esperanzas, hay muchísima apertura. La familia campesina tiene mucha disposición; cuando hay relaciones de respeto y reglas claras de juego se pueden hacer muchas cosas desde la escala comunitaria para trascender a la escala nacional”, puntualizó.

Alianza Científico-Campesina, una propuesta innovadora para producir alimentos

Prensa Mincyt/Codecyt/Miroslava Cariel.- La Alianza Científico-Campesina es una propuesta de corte agroecológico que, pese a las medidas coercitivas unilaterales impuestas por el Gobierno de Estados Unidos, sobresale como un espacio alternativo e innovador para potenciar la producción de alimentos en Venezuela.

Esta información fue dada a conocer por Miguel Ángel Núñez, especialista en agroecología y asesor al despacho del promovida por el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología (Mincyt), en lo referente a la Alianza Científico-Campesina, durante su intervención en el foro denominado “El bloqueo en la ciencia y la tecnología. Impactos y respuestas”, que forma parte de la serie de conferencias virtuales organizadas por el Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti), y que se transmiten todos los miércoles, a través de la plataforma Zoom.

Según datos presentados en el foro por este agroecólogo, la dinámica interna de producción de alimentos en Venezuela ha logrado surtir entre un 70 y 75 % a los abastos, pese a las dificultades enfrentadas por los agricultores como consecuencia del bloqueo financiero y otras limitaciones.

El especialista expresó que esto ha sido posible gracias a los esfuerzos realizados para “fomentar y consolidar los encuentros de conocimientos entre la ciencia académica y la diversidad de saberes, en la búsqueda de encontrar oportunas y adecuadas respuestas a los procesos que se integran en el rescate y reproducción de semillas para nuestra producción agrícola nacional”, declaración que define la esencia y el propósito de la Alianza-Científico Campesina.

De esta propuesta, como define Núñez a la Alianza Científico-Campesina, han surgido innovaciones para el área agrícola como el mejoramiento genético participativo de semillas, que abarca desde cuidar el rendimiento del cultivo hasta evaluar la resistencia a enfermedades.

Este proceso es inédito en el mundo —insistió el especialista—, sobre todo porque los “productores campesinos mantienen una relación de horizontalidad con los investigadores”.

A partir de esta propuesta, el Mincyt, a través de la Corporación para el Desarrollo Científico y Tecnológico (Codecyt), ha podido impulsar la producción de diversos rubros de semillas mejoradas y certificadas de ajo, apio, zanahoria, papa, maíz, batata, frijol chino, café, cacao y fresa.

¿Qué acciones han permitido este avance?

Miguel Ángel Núñez respondió que el trabajo orientado al desarrollo y fortalecimiento de la producción de semilla nacional; la recuperación de las variedades locales; la sustitución de las importaciones de semilla por semillas autóctonas; la revalorización de los conocimientos y prácticas ancestrales; el acompañamiento técnico y formación en buenas prácticas agrícolas a los productores; la promoción de la participación de la mujer; el seguimiento y dotación de insumos y equipos a las Redes Socialistas de Innovación Productiva y laboratorios asociados a los proyectos; la gestión del riesgo agroclimático y el manejo y conservación del recurso hídrico.

Indicó que, en poco tiempo, se ha logrado involucrar a más de 3 mil 500 familias, pertenecientes a 126 núcleos semilleristas en todo el país. “Pero la Alianza Científico-Campesina debe alcanzar algunos retos, con el propósito de seguir incrementando la producción alimentaria en Venezuela; lo que además permitirá potenciar el escalamiento agroecológico e impulsar el ordenamiento del espacio productivo a partir de la producción de semillas. Todo esto facilitará una visualización más contundente del trabajo conjunto entre productores e investigadores ante la población”, añadió.

«La Alianza Científico-Campesina deberá continuar con las actividades en ejecución, valorar y sistematizar el saber con ciencia; seguir impulsando la noción del proconsumidor, que reduce esa relación del productor con el consumidor; así como continuar impulsado la agroecología», comentó Núñez.

Insistió el investigador en la necesidad de conformar una base de datos donde se sistematice la relación de los actores (núcleos semilleristas, entes públicos y privados aliados, productores, entre otros); además, valorar los rubros y actividades que se hacen desde la Alianza-Científico Campesina.

“Esta estrategia permitirá elaborar políticas públicas sobre la base de una dinámica distinta, lo que a su vez facilitará la elaboración de planes y el diseño de proyectos productivos con una nueva visión”, expresó el agroproductor.