Científico del IVIC: La Tierra está enviando señales contundentes de agotamiento

Prensa Mincyt/Marlene Otero.- Investigador venezolano afirma que, desde hace más de una década, el planeta está enviando “señales contundentes de agotamiento”.

Según Francisco Herrera, ecólogo con interés en el tema de la soberanía alimentaria  e investigador del Laboratorio de Ecofisiología Vegetal en el Instituto Venezolano de Investigación Científica (IVIC), “la capacidad de la Tierra para la provisión de los recursos —que, por cierto, buena parte de la humanidad asumió como que era deber del planeta proveerle— se ha visto mermada. Se pensó que, con la cuarentena por COVID-19, el planeta iba a estar mejor”; sin embargo, afirma que aunque las personas se encuentran encerradas, siguen alimentándose, consumiendo una gran cantidad de energía, manteniendo el mismo estilo de consumo y generando una gran cantidad de gases de efecto invernadero.

Explica que el modelo agroalimentario industrial genera gases de efecto invernadero a tasas muy elevadas —especialmente gases muy tóxicos como los nitrogenados y el metano—;  y “eso no cambia en pandemia”: podrían haberse producido incluso más alimentos, en este tiempo. A pesar de que haya habido menos vuelos o circulación de automotores, “esa merma tampoco es tan significativa”.

En este sentido, aclara que un año de variaciones en las emisiones de gases de efecto invernadero no es fácil de percibir en un proceso acumulativo de 200 años.

Cultura occidental y su lógica de muerte

El científico del IVIC alerta que es urgente un cambio de sistema. Este viraje implicaría, según Herrera, no el debate del Foro de Davos —que reúne a los países con las economías más grandes del mundo—, y que plantea un reseteo del capitalismo, sino buscar “cosas más profundas”.

El investigador considera que el primer gran cambio que se debe promover es el desplazamiento de la cultura occidental que sustenta una lógica del “desarrollo” a partir del crecimiento ilimitado económico y científico-tecnológico, la cual busca un cambio permanente hacia  “todo lo material” y muestra una permanente necesidad de consumo que “está secando el planeta”.

Ante ese modelo, reivindica los conceptos de bienestar, buen vivir y soberanía, mediante los cuales los pueblos podrían vivir de manera organizada y consensuada desde sus diversas culturas y “hacia la satisfacción de reales y sentidas necesidades”.  

Aprendizajes pospandemia

En torno a los efectos que se estarían produciendo en el planeta producto de la pandemia por el SARS-CoV-2, el ecólogo considera que se estaría observando un resquebrajamiento de los sistemas de salud y del llamado estado de bienestar de países como los de Europa —que pasó décadas asumiéndose como el referente de “progreso” del mundo—; así mismo, se estarían observando, por momentos, estados de resiliencia y hasta situaciones de desesperación entre las personas.

Lo anterior se une a la que señala como una  “grave crisis del capitalismo”, sistema que estaría colapsando desde el año 2008 —dicho por todos los economistas del planeta—, lo que se traduciría para los pueblos en hambre por falta de alimentos, bloqueos, incremento de la minería, quema de la Amazonia para ampliar la frontera agrícola. Aunque advierte que los líderes de este sistema “harán todo lo posible por salvar el sistema”, en especial su aparato financiero, entre otras medidas “van a militarizar el acceso a recursos y  territorios”.

Frente a este panorama, el ecólogo manifiesta que los pueblos del mundo —formados por miles de millones de personas quienes tendrían mayor capacidad de transformación de la situación actual, que sus propios representantes— estarían  viendo lo que está sucediendo y estarían actuando, “unos en resistencia y otros en revolución; es decir: están transformando”.

Agrega que la situación estaría muy tensa en los próximos años y llega a pronosticar que “pudiéramos estar viviendo un ciclo de transformaciones que no se veía desde hace 500 años”.

Legislaciones para proteger la naturaleza

Respecto a la interrogante sobre los derechos de la naturaleza, el científico sostiene que, dentro del sistema-mundo moderno/colonial, “estos no se discuten porque la naturaleza no es considerada sujeto de derecho”.

Indica que solo en la Constitución de Ecuador se ha planteado esta inclusión y ha generado muchos debates. Además, cree que habría que plantear una reinvención cultural del derecho tradicional, porque lo jurídico también lleva la carga colonial que separa al hombre de la naturaleza y lo considera superior, con derecho a explotar, consumir y controlar la Tierra.

Frente al tema, sugiere asumir más que garantías legales, una relación cultural amorosa, de respeto, del ser humano con la madre tierra, como una parte constitutiva de esta, porque “no estamos separados de la naturaleza, sino que formamos parte de ella”.

Recomienda que, al hablar de la naturaleza, debe hacerse con proyecciones para las próximas décadas, porque “de lo productivo” se habla en función de  años y lustros, pero “lo de la naturaleza en es torno a construcción de futuro”; por ello, apoya que en el país se democraticen los debates respecto a estos temas, en tanto que “esto genera conciencia y, sobre ella, se toman acciones políticas”