La ciencia no es inmune al hecho político y económico

Médico e investigador venezolano advierte que la COVID-19 es un evento biológico, social y económicamente determinado, porque no solo es que se produjo una mutación natural: esta pandemia también es producto de modos de vida humana

Prensa Mincyt.- Entrevista hecha por la periodista Isbemar Jiménez, en el programa radiofónico «Vía alterna», de RNV Informativa, a Gregorio Leopoldo Sánchez, médico-cirujano y pediatra egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV); doctor en Salud Pública graduado en la Universidad de Londres; integrante del Consejo Científico Presidencial, que apoya la Comisión Presidencial para Atención, Prevención y Control del Coronavirus; investigador especializado en enfermedades infecciosas y tropicales.

Vía alterna aprovechó la ocasión para hablar sobre la geopolítica de la salud y de las vacunas, la confrontación de modelos civilizatorios, la ideología de la ciencia, la inoperancia del neoliberalismo, el fortalecimiento del capitalismo, así como la respuesta pública y social de Venezuela y de un sistema de gobierno que privilegia el valor de lo público.

Doctor Gregorio, usted se especializa en salud pública. Nos pudiera explicar, en este momento, cuando el Gobierno se ha desplegado precisamente en una metodología muy particular, para enfrentar la COVID-19, ¿cuál ha sido la importancia de la salud pública y, si fuera posible, la necesidad de integrar todo el sistema en un sistema de salud público nacional?

Sí, es así. Soy un trabajador de la salud colectiva, que invoca también las capacidades de las comunidades organizadas del pueblo, en su conjunto, con las competencias institucionales. No hay duda de que hemos tenido acierto en el manejo de esta epidemia, con la organización temprana de todos los niveles del Estado y el apelo a la conciencia ciudadana.

Ha sido muy importante todo lo que hemos aprendido en este año de pandemia, sobre las capacidades de organización del pueblo venezolano. Mucho del mérito del éxito que hemos tenido hasta ahora —¡y por el que no podemos bajar la guardia!— ha recaído en la conciencia, en la capacidad de organización y movilización; pero también de los esfuerzos organizados de todos los niveles y sectores del Gobierno, en su conjunto, hacia un objetivo común: preservar la vida, conservar la salud y mantener las actividades que son propias de la vida.

De manera que nosotros hemos hecho los mayores esfuerzos en todo nivel; y me gusta mucho la tónica de tu programa, porque invoca el hecho político con lo organizacional, lo institucional; pero también lo individual, aquellas fuerzas de vida que nacen en la alegría, en el compartir como individuos, como familias, como colectivos o como espacios de trabajo.

Eso resume, en esencia, lo que es la salud colectiva, los esfuerzos institucionales y colectivos de los pueblos organizados para hacer frente a cualquier situación y, particularmente, esta que tiene al mundo en estas circunstancias no antes vividas, al menos por los que hoy nos encontramos en la Tierra.

Geopolítica de la salud

Usted ha tenido la oportunidad de formarse en la Universidad de Londres, precisamente en Salud Pública. En estos momentos hay una diatriba, un debate acerca del modelo de salud. Estamos viendo modelos de salud desbordados, también estamos viendo cómo se prioriza a la gente, decisiones que fueron tomando en torno a los pacientes críticos: “¿Debe vivir?”; “¿No debe vivir?”; “¿A quién se le da la prioridad para una cama?”. Temas que tienen que ver con el ejercicio de la profesión, pero que también tienen que ver con un modelo. Otro punto de referencia pudiese ser el caso de las vacunas y cómo diez países tienen el 75 % de las vacunas. ¿Qué ocurre con el resto del mundo?  Necesitamos una inmunización colectiva del 70 % de la población. ¿Esto tiene que ver con las visiones?, ¿con el modelo que nos estamos planteando en esta discusión?

Así mismo es. Ya que haces referencia a mi formación, sí, soy egresado de la Universidad Central de Venezuela. Con los esfuerzos del Estado y el pueblo venezolanos, pude continuar mi formación profesional, tanto en Brasil como posteriormente en Londres. En Brasil, tuve la oportunidad de formarme en enfermedades tropicales; y luego en Londres, en salud pública. Soy enfático que fue a través de los esfuerzos del pueblo venezolano, porque siempre fue a través de financiamiento público. Esto me ha permitido conocer sistemas de salud. Por mi formación también como trabajador de la salud colectiva, siempre vinculado a movimientos progresistas dentro de la salud pública latinoamericana, y tengo una idea de la organización de los sistemas de salud en diferentes países y cómo los sistemas de salud reproducen concepciones de la vida humana y de la organización social.

Desde muy temprano, en esta pandemia, vimos responder a conceptos de salud como mercancía, como inversión o como derecho, y cómo se expresa en los diferentes sistemas de salud en los diferentes países del mundo. Muy temprano, vimos cómo países desconocían intencionalmente la gravedad de la epidemia para privilegiar la actividad económica. Aquí en Venezuela, donde tenemos la concepción de la salud como derecho, consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, pues todo el esfuerzo se concentró, primero, en conservar la vida, y hemos tenido el resultado. Un resultado que contrasta con lo que vemos en nuestros países vecinos. Hoy vemos a Brasil y a Colombia que tienen, por sus organizaciones políticas —¡no por la organización de sus pueblos, sino por la de sus gobernantes!—, sistemas de salud que hacen de la salud una mercancía, y no un derecho. En Colombia y en Brasil, tenemos unas incidencias altísimas de esta epidemia.

Podemos analizar otros países que tienen en su conceptualización la salud como derecho: sistemas públicos, sistemas universales, el acceso a los servicios de salud de forma universal y gratuita, que es una aspiración progresiva que hemos venido avanzando en estos últimos 20 años en Venezuela, un comportamiento diferente de la pandemia. Pero, aun así, no tenemos un escudo protector que nos aísle del contexto, y nosotros estamos recibiendo los embates del efecto que ha tenido la epidemia en Colombia y en Brasil.

Recordemos un poco la curva de incidencia de casos que hemos tenido: cómo las primeras 20 semanas de epidemia, en el año 2020, tuvimos una situación de preparación y control; pero que, debido a la situación en los países vecinos y al retorno de nuestros compatriotas —que fueron buscando un sueño económico distinto, y se vieron rechazados y, de alguna manera, motivados u obligados a volver a nuestro país—, se nos elevó la incidencia, por el virus que ellos portaban.

Ahora, en esta realidad que estamos recibiendo, la variante que viene de Brasil, con una cantidad de casos que —¡tú lo decías!—, a medida que hay un número de casos importantes, se suceden más rápidamente las mutaciones. Los virus siempre tienden a producir cambios en su conformación genética para subsistir, y esos cambios han hecho que se originen, en esa masa de virus en ciudades como Manaos (Brasil), donde se originó esta variante—, mutaciones que hacen que el virus se adapte mejor a nuestras células, pueda ser más infectivo, con mayor transmisibilidad y con un comportamiento clínico diferente.

Estamos experimentando un ascenso importante de casos que no debemos descuidar; que el Estado en su conjunto, la colectividad, en su conjunto (individuos, familias, colectivos en el trabajo), no nos podemos descuidar. Entonces, a la reflexión inicial: la organización de los sistemas sanitarios refleja el valor que se le da a la vida, a la economía, a la salud como derecho, y estamos viendo que en países, como Venezuela, que tienen un comportamiento distinto cuando se organizan sistemas que privilegian el valor de lo público, el valor del acceso universal, el valor del acceso gratuito y hemos tenido comportamientos distintos a aquellos que tienen la salud como una mercancía o un valor de mercado, y eso lo estamos viendo en todos los continentes, en todos los países de nuestro planeta.

En relación con las vacunas, es muy interesante, porque también esta epidemia nos ha permitido acompañar el desarrollo de la ciencia, eventos en pleno desarrollo: una aproximación colectiva y progresiva de cómo se va reuniendo la evidencia, cómo la evidencia se va transformando en políticas públicas y cómo la ciencia también es influenciada por la política y los intereses económicos. Entonces, no hay duda —¡debo ser muy enfático!—: las vacunas son una herramienta poderosísima para la prevención de las enfermedades transmisibles producidas por virus, por bacterias; de manera que es una herramienta poderosísima, pero está sujeta también a los eventos políticos y económicos.

Entonces, hay una geopolítica, una economía política de las vacunas, que está influyendo en el desarrollo, la producción y la distribución desigual de ellas; y Venezuela tiene que hacer los mayores esfuerzos, en esta doble pandemia que estamos atravesando como se ha dicho: la de la COVID-19 y también el asedio imperialista.

Tenemos que hacer los mayores esfuerzos, en términos de salud colectiva: organizar todas la capacidades del Estado, en su conjunto, todos los niveles de gobierno articulados; la movilización, la organización social, para hacerle frente a la epidemia y a este bloqueo por las injustas medidas que nos han sido impuestas, que nos están impidiendo el acceso a vacunas, que ya tendríamos disponibles y que están mediadas por la poca disponibilidad de recursos que permanecen retenidos en bancos en Inglaterra, en Portugal, en los Estados Unidos.

Creo que estamos haciendo grandes esfuerzos con nuestros aliados, con nuestros aliados políticos, que contribuyen, de manera solidaria, que hacen de las medicinas y de la vacuna un valor social, y no una mercancía. En esta concepción de las vacunas como un bien social, están Rusia, con la Sputnik V; y China, con sus diferentes vacunas, como la Sinopharm. Esas son las vacunas a las que hemos podido acceder. Pero aspiramos a más, aspiramos a poder entrar en estos mecanismos, como la Covax, que pudieran representar acceso a más vacunas.

Entonces, los sistemas de salud son la expresión política y económica que deciden los pueblos. Nosotros hemos decidido transitar en un modelo socialista, que privilegia al ser humano, que privilegia la vida, que concibe la salud como un derecho. Hemos tenido, en este año, un comportamiento distinto a países vecinos, que tienen una organización política y social que privilegia el mercado y que, hoy, se ven víctimas de estas inmensas incidencias, de las curvas de letalidad a las cuales no estamos inmunes, porque estamos rodeados, y tenemos que redoblar nuestros esfuerzos.

Las vacunas, como las medicinas, como toda alternativa que viene de la ciencia, también son eventos políticos y económicos.

Hemos organizado todo nuestro sistema de ciencia y tecnología; hemos hecho aportes desde la biomedicina y las ciencias sociales, y estamos esperando también a que todas las fuerzas políticas, en su conjunto, nos pongamos de acuerdo y que se liberen esos fondos que tenemos secuestrados y nos permitan acceso a insumos que hoy son esenciales para fortalecer nuestro sistema de salud, el cual se ve exigido por el aumento en la incidencia, sobre todo con esta variante desde la segunda quincena de febrero a la fecha.

Llamado a la conciencia colectiva

¡Qué maravilla esa explicación que usted nos da! A propósito de esta geopolítica en torno a la salud, me marca una frase donde usted dice que las vacunas son también eventos políticos y económicos y cómo describe a la perfección el mapa de la situación venezolana con respecto al acceso de las vacunas. ¿Qué hacer mientras llegan las vacunas? ¿Cuál debe ser el comportamiento del pueblo venezolano?

Los principios de la salud colectiva: cuáles son nuestros factores protectores individuales y cuáles son los factores protectores desde el punto de vista social. ¿Qué hacer? Yo creo que hay que hacer a la colectividad un llamado a la conciencia colectiva, al espíritu solidario consciente (nosotros tuvimos un muy buen desempeño con nuestras cuarentenas masivas, voluntarias, solidarias); mantener las medidas de distanciamiento físico. Parece una prédica, un sermón, pero no podemos bajar la guardia; no podemos banalizar el uso del tapabocas en nuestros espacios laborales que, por la confianza que podamos tener con nuestros compañeros y nuestras compañeras de trabajo, a veces nos relajamos. Es la medida de protección más poderosa que hemos identificado.

Nuevamente, me remito al evento científico: al inicio, el uso del tapaboca no se identificaba como útil; hoy se sabe que es una medida poderosísima. El distanciamiento, la mascarilla (que tape la nariz y la boca), la constante higiene de las manos, el saber leer tu cuerpo, identificar síntomas, la asistencia temprana a los establecimientos de salud. ¡Estas son las cosas básicas!

Un apelo a la conciencia, también a disminuir la movilidad en estos momentos; esto nos trajo muy buenos resultados, y debemos retomarlo con más insistencia, así como los esfuerzos organizados del Estado, en su conjunto, en los diferentes niveles de gobierno, para redoblar el fortalecimiento de nuestro sistema sanitario, de los centros centinelas, el acceso a recursos que tenemos derecho a exigir, que se repatrien los fondos que son tan necesarios para vacunas, medicamentos, ventiladores, insumos, material médico-quirúrgico, equipos de protección; que son muy importantes para la asistencia a la población.

Entonces, creo que las dos cosas: a la colectividad, mantener el distanciamiento físico; el uso de las mascarillas, de forma adecuada; la higiene constante de manos y acatar la cuarentena voluntaria. Progresivamente, con el acompañamiento de la incidencia, tenemos que vigilar si se imponen medidas de fortalecimiento de las cuarentenas y de eso que llamamos los cercos epidemiológicos, nuevamente, a que se vuelva al aislamiento de los casos identificados como positivos, que no es por capricho y antojo, sino que es una medida de seguridad para disminuir la transmisibilidad de virus, cuando se tienen a las personas identificadas en espacios de aislamiento dignamente atendidas.

Creo que ese es el apelo: a la conciencia solidaria, en los ambientes individuales, familiares, en los espacios de trabajo, y al fortalecimiento de todas las competencias del Estado venezolano. A estos compatriotas que pudieran tener por el camino político que han seguido de entenderse con Gobiernos de la Unión Europea y de los Estados Unidos, a que tienen que contribuir a liberar los fondos que nos tienen secuestrados, pues necesitamos esos fondos para fortalecer nuestro sistema de salud, que es la vida de todos los compatriotas, independientemente de la tendencia política.

Producción masiva y rápida de vacunas

Doctor, por primera vez —usted me corregirá si estoy en lo cierto o no, se produce o se genera en el mundo una producción temprana de vacunas frente a un virus de estas características. Hubo una presión en el mercado internacional por que salieran las vacunas, se presenta como una panacea, ciertamente la inmunización es vital. El presidente Nicolás Maduro Moros ha hablado de prevención, tratamiento y vacunación. ¿Cómo funciona una vacuna? ¿Qué debe ocurrir para que esa vacuna pueda contar con la permisología y que sea segura a la hora de su aplicación? Le hago esta pregunta porque, ciertamente, tiene un impacto mediático y mundial la prohibición de la aplicación de la vacuna AstraZeneca en un número muy importante de países de la comunidad europea.

Una vacuna es un producto biológico. Ya son más de 150 años de experiencia acumulada, que comenzó con conocimiento empírico que se fue sistematizando y, ahora, tenemos la herramienta de la biotecnología, la ingeniería genética, el refinamiento científico, tecnológico e industrial para la producción masiva. Es el tratamiento de un microorganismo, o parte de un microorganismo que, en su estado natural, es patógeno; es decir produce enfermedad. Pero, cuando recibe un tratamiento, bien sea desde el punto de vista químico, térmico o la manipulación genética, se le resta su capacidad de producir enfermedad, mas conserva su posibilidad en el organismo de producir defensas o anticuerpos o mecanismos protectores de la inmunidad de nuestras células, para defenderse contra el organismo agresor. Eso es, en esencia, una vacuna: un organismo o partes de un organismo modificado para que no produzca enfermedad, pero sí produzca defensas o inmunidad; que, al exponerse la persona al agente patógeno —en este caso al virus—, pueda defenderse o sufrir menos síntomas o disminuir la mortalidad o ni siquiera infectarse, porque las vacunas más protectoras son aquellas que ni siquiera permiten que el organismo agresor invada y se reproduzca en el organismo.

Hay procesos, entonces, de ciencia básica, de ciencia biológica básica, de diferente índole; y otros, que tienen que ver con innovación y con la etapa productiva. Las innovaciones tienen que adaptarse a las industrias farmacéuticas de bases químicas y biológicas para la producción masiva. Estos son eventos políticos y económicos, porque esto requiere de una inversión muy importante, tanto para hacer el conocimiento científico como para la inversión industrial.

Generalmente, lo que han visto las ciencias naturales e industriales, hasta ahora, es que, en la racionalidad de acumulación de evidencia científica, los tiempos para que se identificara una nueva enfermedad, caracterizarla; la genética del microorganismo, la identificación de su inmunidad; la alteración de ese microorganismo para un candidato de vacuna; la prueba de vacunas en animales, en seres humanos; luego que pase a los organismos regulatorios para probar esto que llamamos seguridad, inmunogenicidad y eficacia; es decir que no produzca efectos adversos que sea segura; inmunogenicidad que produzca una respuesta inmunitaria positiva; es decir: que produzca defensas y que sea eficaz, que inhiba la enfermedad. Todo este proceso puede durar décadas para la producción de una vacuna. Pero estamos ante una circunstancia no conocida antes por el género humano, en su conjunto, que obliga a acelerar procesos, responsablemente, éticamente. Ya tenemos, en menos de un año, un germen que no era conocido, que se caracteriza, se tipifica, se hace el mapa genómico, se buscan cuáles son los elementos que pueden producir una vacuna, y comienza el proceso en animales y en seres humanos.

Tenemos ya, en catorce meses, vacunas que están probadamente eficaces; es decir: que no producen efectos adversos, que producen anticuerpos y que protegen contra la enfermedad. Pero esto es una aproximación progresiva. Estamos viendo, también, que puede haber un interés económico, como también lo vimos en esto del evento científico, como evento político: cómo los intereses económicos influyen en la productividad científica.

Muchas revistas médicas fueron influenciadas por los intereses de la industria farmacéutica, publicando resultados de eficacias de medicamentos que, luego, se vio que no servían. Igual puede pasar con la vacuna. Entonces, es que viene allí todo lo que ética y legalmente la humanidad, en su conjunto, debe hacer para asegurar que estos productos sean realmente seguros, inmunogénicos: que produzcan defensas, que sean realmente eficaces. Es cómo tener organismos de regulación, a nivel internacional y a nivel nacional, al nivel del mundo y a nivel de los países, que velen por la calidad de la evidencia, por la calidad ética de los estudios, que permitan poner al alcance masivo.

Venezuela lo ha hecho. Hemos acompañado toda la evidencia científica. Desde muy rápido, tenemos un comité terapéutico del Ministerio del Poder Popular para la Salud y ha habido sinergia con el de Ciencia y Tecnología; se han hecho equipos de trabajos; nos hemos dinamizado en el análisis progresivo de esta evidencia y nuestros órganos reguladores han autorizado el uso tanto de la vacuna Sputnik V como de la vacuna china Sinopharm. Estamos esperando que otros candidatos vacunales puedan estar a la disposición del pueblo venezolano.

También, estamos muy atentos con el uso y con estos eventos que están produciéndose con la vacuna AstraZeneca, con efectos tromboembólicos; es decir: trombosis, coágulos que, aparentemente, hay una incidencia no frecuente, elevada, en pacientes que se vacunan contra esta enfermedad, eventos adversos que nos tienen atentos, y hubo un pronunciamiento de varios países de Europa. Ya el Estado venezolano tiene, por principio de precaución, una cautela en la incorporación de esta vacuna que nos podría venir por interés del mercado, por este mecanismo Covax, y estamos muy atentos.

Ya el Presidente dijo que no estaba permisado su uso aquí en Venezuela. Se tomó esa decisión frente a la duda que ha generado y a esas evidencias que usted muy bien explicaba.

Así es. Hubo un pronunciamiento, tanto del Presidente como de la Vicepresidenta que coordina la Comisión Presidencial, a un principio de precaución y cautela de privilegiar el uso de otras vacunas, en este caso la china y la rusa, que ha demostrado tanto eficacia como seguridad. Estamos muy atentos también de los sistemas de vigilancia farmacológica, farmacovigilancia de estas vacunas.

Entonces, el evento científico no es inmune al evento económico y político, es una expresión de este. Tenemos que ser muy cautos desde el punto de vista ético, desde el punto de vista legal y desde el punto de vista científico, tanto con vacunas, con medicamentos, como con todas las prácticas asociadas a la protección de la salud que podamos incorporar en nuestras estrategias de control.

El caso Brasil

Usted nos hablaba cuando conversaba sobre su carrera, su experiencia en Brasil, ¿cómo visualiza usted la situación allí? Estábamos compartiendo hoy los titulares de los diarios de Brasil, más de 2800 casos se registraron en un día… cuatro ministros de Salud. Entendemos que el sistema salud en Brasil, hasta la llegada de la pandemia, era uno de los más robustos, además especialista también en enfermedades tropicales, malariología. ¿Cómo podría usted describir qué es lo que ocurre allí, desde su propia experiencia? No sé si usted mantiene contacto con algunos colegas con los cuales compartió. Un poco para desglosar lo que está ocurriendo a lo interno, que ni siquiera se puede visibilizar a través de los titulares y de los medios de comunicación, que no siempre están del lado de la información oportuna y veraz.

Con un posicionamiento político, yo pudiera decir que lo de Brasil se resume en el manejo irresponsable que ha tenido Jair Bolsonaro en la gestión de esta situación, en una población que supera los doscientos millones de habitantes; un manejo tan irresponsable, desde la epidemia, se ha traducido en que hoy tengamos a Brasil como el segundo país, después de los Estados Unidos, en números de casos y muertes en el planeta.

Yo, en lo personal, me formé en escuelas brasileñas, y tengo mucho aprecio tanto por la cultura como por el pueblo brasileño, también por las contribuciones que han hecho a la salud colectiva y al pensamiento crítico latinoamericano.

En tiempos de dictadura, las dictaduras militares del siglo pasado en Brasil, se generó un movimiento crítico en la medicina, en los trabajadores e investigadores en salud, un movimiento sanitario robusto. Brasil fue uno de los países del continente que elevó el criterio de salud como derecho, apuntó a sistemas universales, públicos, gratuitos, y tenían un sistema de salud muy robusto y tienen una tradición científica y tecnológica de 120 años con el Instituto Oswaldo Cruz, como un buque insignia, genuina expresión de la salud colectiva, de la salud pública, de la biomedicina brasileña.

En Brasil, hay una comunidad científica vibrante, un modelo médico y sanitario vibrante; y no hablo por ellos, pero con quienes me relaciono han sido, desde el inicio, muy críticos con el gobierno de Jair Bolsonaro y con su práctica errática e irresponsable en el manejo de la epidemia. Tengo aquí el estudio que ellos publicaron el 27 de enero en la revista Lancet, en Manaos, donde ellos ya alertaban que hay un comportamiento epidemiológico distinto: que Manaos había tenido un número de infectados, que era como para haber adquirido esa llamada inmunidad de rebaño y, sin embargo, había un repunte de casos.

Con estudios epidemiológicos de vigilancia genómica o epidemiología molecular, advirtieron que había surgido una variante, que es la que tiene este comportamiento que, ahora, por natural migración —porque son procesos sociales naturales—, nos llega a Venezuela y nos tiene en estas condiciones de máxima alerta.

No podemos disminuir la seriedad del evento que estamos transitando. Hemos tenido aciertos y debemos fortalecerlos, pero debemos apelar a la conciencia individual y colectiva. Sobre Brasil, ¡esa es mi opinión!: gran contribución a la salud pública, a la salud colectiva, al pensamiento crítico latinoamericano, un sistema único de salud robusto que ha venido en decadencia por políticas neoliberales hoy emblematizadas en Jair Bolsonaro, muy irresponsable en el manejo de la pandemia. Hasta la BBC, ayer en un artículo, decía que era una amenaza para el mundo.

Nuevas variantes, mayores desafíos

En función de lo que nos está diciendo, quisiera aterrizar un poco el tema de la variante P.1, la variante P.2, porque ciertamente cuando surgen estos eventos, como usted los describe, hay confusión en el manejo de los términos, en el manejo de los conceptos y usted, que es un gran pedagogo, pudiera compartir con nosotros, quizás desde su experiencia como maestro, ¿qué es una variante? ¿Por qué se dice variante? ¿Por qué no se utiliza el término cepa? Eso hay que explicarlo mucho, empezar como caminando, para poder entender el momento que nos toca vivir desde el punto de vista de esta pandemia de COVID-19 aquí en Venezuela.

Bueno, agradecido por esto de pedagogo, y tengo limitaciones en mis campos de conocimientos. El asunto este de las taxonomías, variantes, cepas, es un poquito de la virología. ¿Qué es lo que nosotros debemos saber? Que todo ser vivo produce cambios a nivel genético, que tiene un principio o propósito que es su subsistencia.

El ser humano, como ser vivo, también va cambiando. No somos los mismos que hace diez mil años. Hay mutaciones, y esto responde a exigencias del ambiente. Igual hace un virus mucho más rápidamente: los rearreglos o cambios a nivel genético le confieren nuevas propiedades que le permiten su mejor adaptación al medio, en este caso la interacción con el ser humano para su subsistencia. Estos cambios a nivel genético le confieren nuevas propiedades que se pueden traducir, en este caso, se están traduciendo en nuevos tipos, como variantes o cepas. Esto dejémoslo a los virólogos que pudiesen tener una clasificación taxonómica con estos términos.

Pero una variante es un cambio o un rearreglo a nivel genético del primer virus que se presentó al momento, que responde a presiones del ambiente que lleva al virus a adaptarse y a ganar propiedades que el virus originario no tenía.

En este caso, estamos viendo mayor capacidad de infección; es decir: esta nueva variante parece acoplarse mejor en la célula humana, entonces permite que su material infecte o entre en la célula humana, y poner a la célula humana a producir mayor número de virus. Mayor número de virus es mayor carga viral, mayor carga viral es mayor capacidad de transmisión y es también y, en eso estamos muy alerta, que tenga un comportamiento fisiopatogénico; es decir que pueda producir alteraciones en los órganos, distintas a las que veníamos acostumbrados a ver en los meses anteriores. Es posible que no veamos tanto un signo, sino otro; tanta afectación pulmonar, sino gastrointestinal o cardiovascular. Todo eso por una variante o un cambio a nivel genético en el virus.

Entonces, puede que haya mutaciones que atenúen el virus, a medida que haya presiones del ambiente, vacunas, medicamentos, las medidas de restricción; pero esta que se produjo en Manaos, por esa condensación de población infectada, tiene unas propiedades que le son adversas al género humano, porque es más transmisible, se comporta distinto en humanos y pudiera haber ganado resistencia a las vacunas ya en uso.  

Ciencia y tecnología al servicio social

Desde su experiencia clínica como investigador, tengo entendido especialmente en enfermedades infecciosas y enfermedades tropicales, ¿cuál fue su primer abordaje, cuando empezó a estudiar al virus? ¿Cuál fue su percepción, incluso desde el punto de vista humano?

Desde el punto de vista humano, es un ‘parteaguas’ en la historia de todos los que estamos vivos hoy en el planeta: las expectativas de que esto nos identificara como seres humanos, más allá de nuestras diferencias étnicas, políticas, religiosas, culturales; y viéramos la vulnerabilidad que tenemos como especie, que los eventos biológicos son como los eventos sísmicos, que aunque los pudiésemos predecir, son movimientos tectónicos, que desafían a la especie, en su conjunto; que somos vulnerables.

Que hay mucho siglo XXI, ya tenemos tecnología en Marte, atómica, biotecnología, inteligencia artificial, y estamos ahora bajo peligro —el género humano— ante un virus, que es un evento biológico, social y económicamente determinado, porque no solo es que se produjo una mutación, esto también es producto de formas de vida, de modos de vida en sociedad.

Esa fue mi primera reflexión: qué vulnerables somos los seres humanos; el valor de la solidaridad como respuesta conjunta, que solo solidariamente podemos hacer frente a esta pandemia; que si quedan unos susceptibles, podemos ser todos susceptibles; y que hay que fortalecer los sistemas públicos y universales gratuitos, que son expresión de solidaridad para combatir esta epidemia y para defender la vida y la salud como derechos humanos.

Lo otro es la valoración que debe tener la colectividad, en su conjunto, de ciencia y tecnología, no como una actividad de élites, sino como una actividad de servidores y servidoras públicos, que también científico es quien hace saber popular y aporta saber popular, porque todo conocimiento académico y todo conocimiento popular dan una contribución para salir de esta circunstancia. El papel del Estado que, por definición, tiene que organizar los esfuerzos colectivos, en su conjunto, fundamentados en estos principios de solidaridad. Estado socialista como el que estamos fortaleciendo y consolidando, para salirle al frente a esta circunstancia y a cualquier otra en la vida de la colectividad. Esas fueron las reflexiones iniciales y, en eso, seguimos trabajando.

Las otras reflexiones son: fortalecer nuestras capacidades científicas, tecnológicas, industriales con nuestras modestas capacidades, aun bajo asedio, aun bajo epidemia; pensar con principio soberano; fortalecer nuestras instancias reguladoras científicas y asistenciales; y seguir avanzando con la mayor determinación, con optimismo, sin desestimar la seriedad de la situación que estamos atravesando.

Romper con la colonialidad

Se ha intentado satanizar el conocimiento científico venezolano, se ha tratado de desconocer a aquellos médicos, aquellas médicas, aquellos científicos, especialistas que están en el país y que están dando una batalla muy importante desde la Comisión Presidencial que asesora la toma de decisiones. ¿Cuál será su mensaje, a propósito de este talento que se ha puesto al servicio de la comunidad, que se ha puesto al servicio del país, para estudiar de manera profesional, científica, rigurosa, el comportamiento de este virus, y asesorar a los tomadores de decisiones, para que podamos ir por el mejor camino en esta tarea de enfrentar juntos a la COVID-19? ¿Cuál es el valor de los médicos y las médicas, de los científicos y de las científicas, que no solamente están en la primera línea de batalla, sino que han presentado estudios contundentes, a propósito del comportamiento de este virus?

Mi primer mensaje, a través de Vía alterna, a todos los trabajadores y las trabajadoras de la salud colectiva que nos estén oyendo, mi aprecio, mi estima, mi respeto, mi voz de aliento, para ese esfuerzo continuo, tesonero, constante, altruista, que están haciendo en todos los centros de salud; a todos los equipos básicos de salud, enfermeros, bioanalistas, médicos, médicas, camareros; todo el personal tanto del subsector privado, como del subsector público (ampliamente mayoritario en el país). A todos los trabajadores y a todas las trabajadoras de la salud colectiva —sea cual sea su profesión—, mi respeto, mi admiración y mi reconocimiento, como ciudadano.

En cuanto a lo que tú dices del menosprecio, el menosprecio es una traducción de la colonialidad. Es perder la autoestima, en función de que nos han inculcado que hay otros que son “superiores”, en lo económico, en lo cultural, en lo científico. Tenemos honrosos ejemplos de cómo con esfuerzos modestos podemos hacer grandes contribuciones, y Venezuela lo está haciendo. ¡No arredrarnos, no menospreciarnos! Yo creo que es irrumpir también contra esa colonialidad.

Y ahora: a todos los científicos, científicas, innovadores, innovadoras que, desde cualquier espacio (desde el laboratorio o desde el huerto; desde el consultorio, la sala de hospital, la comunidad) están haciendo un esfuerzo por contribuir con información y conocimiento, que sigamos adelante, tanto en las áreas biomédicas como en las áreas de las ciencias humanas, políticas, sociales. ¡Mi reconocimiento!

Repito: a los trabajadores de la salud colectiva y al sector de innovadores e innovadoras, científicos y científicas de Venezuela, no menospreciarnos: ¡irrumpir contra la colonialidad!