Frente moral de la comuna

El 11 de junio de 2009, Hugo Chávez inauguró el programa “Aló, Presidente” Teórico, abordando el tema de la comuna. Durante esa jornada y haciendo gala de su extraordinaria capacidad pedagógica y reflexiva, nos recordó que “no hay revolución, si no hay teoría revolucionaria”, la cual tenemos que engranarla con las experiencias concretas. También insistió en que la comuna es una construcción del pueblo, pero “si ni siquiera la enunciamos, ¿cómo la vamos a construir?”. Así nos invitó a participar en esta “titánica tarea” que consiste en construir el socialismo desde la experiencia del autogobierno en el territorio.

Desde los consejos comunales, que representan los núcleos de la célula que es la comuna, debemos caminar hacia la constitución del gran cuerpo social, político, cultural y económico hasta constituir un sistema unificado que constituya la sustentación del gran Estado comunal. Es así que la comuna, además de ser una figura organizativa, es al mismo tiempo un proceso constante en permanente construcción y perfeccionamiento. Proceso que, al decir del Comandante, debe ser ocupación y objetivo permanente de todo el quehacer revolucionario y su impulso y fortalecimiento debe verse reflejado en toda la gestión y en todas las instancias de gobierno.

En ese sentido y con el propósito de contribuir humildemente desde este espacio con algunas reflexiones y análisis, tomaremos las propuestas de Chávez en relación con los cinco frentes para la construcción del socialismo, aplicados a las dimensiones de la comuna; a saber: el frente moral, el frente social, el frente político, el frente económico y el frente territorial. A ello también agregaremos tres aspectos que nos parecen esenciales y que atraviesan todos los procesos de construcción comunal: organización, participación y conciencia.Podríamos entonces decir que, en todo lo que hagamos desde la Revolución, debemos dispensar un plan de trabajo donde se refleje el impulso, desarrollo y fortalecimiento de todos estos aspectos.

Hoy reflexionaremos acerca de la importancia del frente moral, el cual siempre decía Chávez que debía ser la base fundamental sobre la cual se construye todo lo demás. Sin esa base moral y ética de la persona, del grupo, de la organización y en definitiva, de todo el proyecto revolucionario, no hay viabilidad para la transformación profunda que necesitamos hacer. Cuando hoy leemos el documento que quedó plasmado de aquel “Aló, Presidente” Teórico N.° 1 y examinamos la clara descripción sobre los valores que nos inoculó el capitalismo, vemos claramente cómo debemos redoblar el esfuerzo para enfrentar al individualismo, la competencia, el egoísmo que nos deshumaniza, nos fragmenta y nos divide.

Hoy, en medio del brutal asedio imperial que se despliega contra Venezuela a través de una implacable guerra multiforme, podemos constatar cómo la moral ha sido uno de los blancos de ataque seleccionados. Sabe bien el enemigo que un pueblo con alta moral revolucionaria y con una conciencia sólidamente conformada sobre los valores fundamentales del socialismo, resultaría invencible. Convencernos de que la Revolución fracasó, de que los chavistas somos todos corruptos y que solo nos mueve el interés personal por el poder y sus beneficios, es uno de los grandes objetivos del enemigo. Cuando nos quieren convencer de todo eso, es porque quieren vaciar de contenido humanista y moral a la Revolución y promover así la pérdida de la esperanza, la cual fue cobrando forma y fuimos reconquistando con mucho trabajo porque se había diluido en medio de las traiciones al pueblo cuando los que gobernaban estaban de espaldas a él.

Es la esperanza en que la política debe hacerse sirviendo al pueblo y a sus intereses fundamentales y, además, la debemos hacer entre todas y todos, en una sociedad de iguales. Es la esperanza en que el Comandante no nos iba a fallar, como de hecho nunca nos falló, pero que tal vez vimos tambalear cuando su vida en este plano acabó y sentimos por un momento que todo se perdería. Pero eso no ocurrió porque, ciertamente, aquella sabia frase que surgió del propio pueblo anunciaba que “Chávez no murió, se multiplicó” y, así, en medio del dolor por su partida, redoblamos la marcha y mantuvimos viva la esperanza en la patria buena para todas y todos.

Pero los enemigos también se dieron cuenta de que habíamos sorteado el peor obstáculo al que se había enfrentado la revolución y decidieron jugar a fondo, desatando esta implacable guerra multiforme que han sostenido desde hace ya varios años y que pretende asfixiarnos y arrinconarnos para que, finalmente, nos rindamos y renunciemos a la esperanza y con ella, renunciemos a la independencia y a la soberanía, entregándonos a ese modelo donde no hay ciudadanos sino consumidores, no hay sociedades sino mercados, no hay derechos sino mercancía que se compra o vende. Ese modelo donde el ejercicio de la política corresponde solo a unos pocos elegidos que nunca serán del pueblo. Ese modelo que la pandemia que hoy azota al mundo ha desnudado ante los ojos del que lo quiera ver y al cual no podemos ni debemos regresar jamás.

Ciertamente, que la guerra que nos aplican y la pandemia de COVID-19 nos encuentran todavía a medio camino entre lo que dejamos atrás y lo que aún no está construido, y esto puede confundir y desalentar a muchos, generando frustración y dudas, especialmente por la permanente guerra psicológica que opera hoy más que nunca a través ya no solo de los medios de comunicación tradicionales, sino muy especialmente a través de las redes digitales. No son pocas las heridas que, en ese sentido, ha causado esta guerra implacable agudizada en estos tiempos de pandemia, donde tampoco han faltado errores y contradicciones propias de cualquier proceso de transformación y de lo cual nosotros no somos la excepción.

Pero todo esto nos dice que es en el plano moral donde se debe librar, cada día, una de nuestras principales batallas. Hoy, todo lo dicho por el Comandante Chávez sobre el frente moral, en aquel “Aló, Presidente” Teórico N.° 1, adquiere una dimensión gigantesca porque, ¿cuándo sino ahora, que nos quieren empujar a una especie de “darwinismo social” donde prive “la ley del más fuerte”, se hacen visibles los valores del capitalismo de los cuales nos alertaba el comandante que “nos habíamos contagiado”? Como una especie de “clase práctica” intensiva, la guerra multiforme y la pandemia, nos desafían y nos exigen que libremos esta batalla por el frente moral, donde hagamos valer la solidaridad, la cooperación, la conciencia del deber social, el amor social.

Esa lucha la están dando a diario cientos de miles de chavistas revolucionarios/as a lo largo y ancho de la patria, en los consejos comunales desde donde se mantiene viva la participación de la gente, aunque sea en medio del descreimiento y la apatía de algunos; en los CLAP que llevan el alimento a los hogares, aún en medio del bloqueo; en la Milicia Bolivariana que junto a la FANB vigila y defiende la seguridad del territorio; en los equipos de salud que dan la pelea ante la pandemia; en los equipos educativos que atienden a millones de estudiantes y cumplen con los programas formativos; en los equipos institucionales que siguen adelante con la Gran Misión Vivienda Venezuela que no se detiene y tantos otros espacios donde hombres y mujeres de la patria ponen lo mejor de sí para defender esta Revolución.

Claro que entre nosotros hay también oportunistas y traidores esperando su turno, pero no nos dejemos engañar ni confundir. Los chavistas y las chavistas tenemos ejemplos de sobra de hombres y mujeres indoblegables que, aún en las peores circunstancias, son capaces de entregarlo todo a cambio de nada; hombres y mujeres que uno los ve aguantar a pie firme las situaciones más adversas, muchas veces sin tener con qué satisfacer sus propias necesidades básicas para sí ni para sus familiares; líderes y lideresas de sus comunidades que siempre trabajan por el bien común sin pedir nada a cambio, resistiendo e incluso soportando hasta ataques y calumnias de gente que no ve más allá de su propio beneficio. Hombres y mujeres de las instituciones públicas que no disponen de recursos para cumplir con buena parte de sus tareas, pero que son capaces de todo, incluso de utilizar sus pocos recursos propios para llegar a los sitios y cumplir con lo que les toca, dándolo todo para que la gestión de la revolución llegue a donde tiene que llegar. Y no olvidemos que muchos de ellos y ellas se han contagiado durante la pandemia justamente por servir al pueblo, llegando en algunos casos, lamentablemente, hasta perder su vida.

No permitamos entonces que nos engañen ni vacilemos en esta hora en que la patria está bajo ataque y en la que el enemigo sabe bien que si nos desmoraliza, sería el comienzo de nuestra derrota. El frente moral sigue siendo hoy el pilar fundamental de esta tarea titánica que representa construir el socialismo y la comuna y también un frente al cual el enemigo apunta de forma soterrada y que tenemos que defender haciendo realidad nuestros principales valores éticos. Tenemos con qué y la historia nos lo ha demostrado.

No permitamos, bajo ninguna circunstancia, que nos convenzan de lo contrario. Hagamos cada día una batalla para defender este frente moral, haciendo práxis de nuestra ética prestando atención al que más necesita, al que menos tiene, al que está en la situación más difícil en las familias, en las comunidades, en nuestros lugares de trabajo, en todas nuestras organizaciones y en nuestras instituciones. Que no falte la reflexión y la acción moral permanente en todo nuestro quehacer, en todas nuestras acciones, en todos nuestros programas de gobierno, en todas nuestras estrategias comunicacionales. Y mostremos una y otra vez nuestros ejemplos de conciencia del deber y del amor social que no son “teoría vacía” ni tampoco solo “buenos deseos”. Son ejemplos de hombres y mujeres que actúan guiados por esos valores que están en el socialismo que va naciendo y en el espíritu de la comuna que haremos prevalecer hasta triunfar.

Fernando Giuliani

Psicólogo social