Cuatro virtudes que deben acompañarnos en la cuarentena

Prensa Mincyt.- En este tiempo difícil de cuarentena, los psicólogos recomiendan a las personas trabajar cuatro virtudes esenciales para llevar con éxito el confinamiento comunitario que vivimos en la actualidad. 


No hay duda de que todo confinamiento requiere de ciertos sacrificios personales, quizás unos más duros que otros; pero, el propósito de una cuarentena social es mayor que cualquier sacrificio que realicemos. ¿No vale más gozar de salud y vida que cualquier esfuerzo personal? 


Estas son algunas de las virtudes que debemos repotenciar individualmente para hacer más llevadero el tiempo de cuarentena.

Paciencia. Es necesario cultivar la paciencia para poder manejar nuestro sentido del tiempo y nuestras relaciones con los demás. Muchas veces, a lo largo del día, nos veremos desbordados por cosas que no se resolvieron ni en el momento ni de la manera que queríamos. Sin embargo, debemos respirar hondo, “contar hasta 10” (o hasta 20, o hasta ¡100!), y aceptar que todo esto pasará, más temprano que tarde. 


Voluntad. Es la energía, el combustible que nos alimenta para movernos, para hacer las cosas y volver a comenzar una y otra vez. La voluntad debe acompañarnos cada mañana al despertar cuando nos preparamos para la nueva jornada; en cada tarea y en cada cosa que hagamos en el día. 


Confianza. Es un sentimiento de seguridad que emana de nuestro conocimiento y convicción acerca de la forma en que vivimos y enfrentamos las dificultades, así como también buscamos realizar nuestros proyectos, sueños y deseos. En este momento, debemos aumentar la confianza en la medida en que estemos informados de todo lo que tiene que ver con el manejo de esta pandemia; mientras conozcamos bien todo lo relativo al virus y su forma de prevenirlo; en la medida en que comprendamos bien por qué y para qué debemos cumplir con  la cuarentena.

Esperanza. Es un sentimiento de expectativa positiva en torno a que se concrete y materialice algo que queremos. Ese sentimiento nace de nuestro espíritu, crece y se mantiene en la medida que lo cuidemos y cultivemos en nosotros y en los demás. No dejemos de creer ni por un minuto en que, una vez superada esta pandemia, habremos crecido como personas, como familia, como comunidad y como sociedad. Tener esperanza es movernos y hacer que las cosas sean mejores. Renovar y alimentar la esperanza en nosotros y en nuestra familia también es cuidarnos del virus. 


En fin, el cultivo de la paciencia, la voluntad, la confianza y la esperanza en nosotros, y en los que nos rodean, es un motor fundamental para seguir avanzando con fe y optimismo en la vida, sobre todo en estas circunstancias difíciles, pero temporales.