Conciencia y conocimiento científico, la dupla necesaria para enfrentar el bloqueo imperial

El 8 de marzo de 2015, todos escuchamos la noticia acerca de un decreto que promulgó el entonces presidente estadounidense Barack Obama y en el cual se declaró a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos”. Lo cierto del caso es que, probablemente, la mayoría de nosotros no tenía una idea clara de lo que aquello significaba y, mucho menos aún, de lo que habría de venir a partir de aquel infame decreto.

En realidad se trataba de una orden ejecutivafigura jurídica que utilizan el Gobierno de Estados Unidos para, entre otras cosas, activar un conjunto de mecanismos y procedimientos que facultan a su Poder Ejecutivo para movilizar recursos e implementar acciones extraterritoriales en contra de otros países en forma rápida y sin necesidad de pasar por filtros institucionales internos.

Así es como el imperio instrumenta procesos de ataques y asedios permanentes contra países y pueblos que, o bien poseen recursos que les interesan, o bien han instaurado gobiernos contrarios a sus intereses políticos, o cumplen con ambas condiciones, como es nuestro caso.

Estos ataques se instrumentan bajo el eufemismo de “sanciones”, figura que —dicho sea de paso— está reservada exclusivamente a la aplicación multilateral. Sin embargo, los Estados Unidos nos imponen unilateralmente todo tipo de medidas coercitivas, tales como restricciones al intercambio comercial, trabas y cierre de canales para el financiamiento internacional; retención y apropiación (robo) de bienes y activos que están fuera de nuestro territorio, pero que son de nuestra propiedad; impedimentos a los procesos de importaciones y exportaciones.

En ese sentido, también utilizan el chantaje y las amenazas hacia cualquier empresa o institución que intente realizar algún tipo de intercambio con Venezuela. Todo ello está acompañado de un complejo entramado jurídico y administrativo que le brinda una fachada legal, defendida y esgrimida por diversidad de instituciones, organismos y actores políticos, centros académicos, figuras de influencia y medios de comunicación funcionales a los intereses imperiales.

Este bloqueo criminal forma parte de una guerra no convencional bajo la cual se aplican guerra económica y guerra psicológica, con el fin de generar condiciones de inestabilidad interna de tal magnitud que la situación se torne ingobernable y se produzca un cambio de régimen que no es otra cosa que el derrocamiento del gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro.

Ahora bien, uno de los grandes problemas para enfrentar el bloqueo es que sus formas de aplicación son, en cierto modo, silenciosas y encubiertas, por lo que no son fácilmente visibles para la población en general. Tampoco suelen ser fácilmente creíbles debido, en buena medida, a las campañas mediáticas que, de forma permanente, distorsionan y manipulan la información y generan confusión y dudas.

Hay dos aspectos que todo país bajo un ataque de estas características debe atender con urgencia: el primero es la necesidad de que su población conozca con precisión y profundidad qué es y en qué consiste todo el sistema de bloqueo imperial. El segundo es la necesidad de identificar, conocer, medir, ponderar, clasificar y caracterizar todas las afectaciones que el bloqueo produce en la vida de la nación.

Para poder enfrentar el bloqueo es imprescindible conocerlo y hacer de ese conocimiento una verdadera estrategia de guerra con la que debe armarse, por un lado, a toda la población a través de procesos de difusión, educación y concienciación permanentes. Por el otro, se debe armar a toda la institucionalidad pública con información precisa sobre cómo opera el bloqueo y los impactos negativos que produce, con el fin de poder diseñar estrategias de defensa y contraataque que deben pasar a formar parte permanente de la planificación y la gestión pública.

También será necesario producir información altamente sistematizada y especializada que permita a la nación entablar acciones en todos los ámbitos internacionales correspondientes para hacer valer los derechos de Venezuela y para difundir la verdad sobre el brutal bloqueo que se nos impone.

Se requiere, entonces, contar con información orientada por una sólida congruencia político-ideológica sistematizada, generada y procesada, bajo criterios rigurosamente científicos que la tornen irrebatible y contundente. Debe ser una información destinada a develar, descubrir, iluminar y explicar, con total claridad, todos los detalles de este perverso mecanismo imperial y sus efectos.

Por las razones expuestas supra, celebramos que la ley antibloqueo, propuesta por el presidente Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional Constituyente, contemple, en su artículo 14, la creación de un observatorio nacional sobre medidas coercitivas unilaterales aplicadas al país, justamente con el propósito de generar “conocimiento pertinente y relevante” en la materia y ponerlo a disposición del pueblo venezolano.

Así como apelamos al conocimiento científico y tecnológico para enfrentar la pandemia, ahora debemos convocar a todas las ciencias y disciplinas académicas y profesionales que puedan contribuir, con sus teorías y sus métodos, a una verdadera cruzada de la patria contra el bloqueo imperial.

Necesitamos de las ciencias jurídicas para que ayuden a develar todo el entramado perverso que conforma el andamiaje “legal” del bloqueo; se requiere del conocimiento que se desarrolla en las profesiones y disciplinas que estudian la geopolítica y el mundo de las relaciones y los organismos internacionales; es necesaria la economía, disciplina que mucho tendrá que decirnos y enseñarnos sobre cómo opera y cuáles son los efectos del bloqueo en esta materia; las ciencias sociales, como la sociología, la psicología social y la antropología, cuyas explicaciones sobre los efectos del bloqueo en la subjetividad colectiva, en la acción social y en la cultura de nuestra sociedad serán fundamentales; la estadística, las matemáticas y las ciencias de la computación deben ayudar a medir, ponderar y clasificar las afectaciones del bloqueo, así como también a desarrollar análisis de escenarios complejos dentro de las dinámicas que produce y genera el bloqueo; las ciencias de la educación y de la comunicación deben aportar todo su conocimiento y su diversidad de métodos y técnicas para poder producir verdaderos procesos educativos y formativos que contribuyan a crear, fortalecer y consolidar la conciencia del pueblo y de la sociedad en su conjunto en relación con el bloqueo, lo cual probablemente será una de las tareas fundamentales en toda esta cruzada.

Seguramente y, a medida que se desarrolle esta idea del observatorio, así como otras similares que ayuden a generar ese conocimiento estratégico tan necesario para enfrentar el bloqueo, se irán integrando otras disciplinas y otros campos del saber que tendrán mucho más que aportar.

Son estas disciplinas científicas las que hoy deben dar un paso adelante y asumir su papel, junto a este pueblo heroico que resiste el bloqueo y libra contra él una dura batalla, cada día, desde hace ya varios años. Es un asunto de máxima seguridad de Estado donde nos jugamos la  soberanía e independencia de la patria y no podemos fallar.

Fernando Giuliani

Psicólogo social