Comuna o nada: hoy más que nunca

El coronavirus y todo lo que ha generado la pandemia son una muestra clara y descarnada de la crisis crónica en la que se desenvuelve el sistema capitalista con todas sus variantes y versiones. Sus efectos, denunciados y desvelados hasta el cansancio a través de infinidad de los análisis que se difunden, a diario, provocan no solo una verdadera calamidad sanitaria con pérdida de vidas y enormes dosis de sufrimiento, sino que también han tenido serios impactos en la vida económica y social de casi todos los países. 

Pero el modelo neoliberal y sus defensores no cede ni cederá ante las evidencias de los desastres que ocasiona, sino que, seguramente, intentarán construir una agenda “pospandemia” que les permita continuar usufructuando su hegemonía para imponer las mismas recetas de siempre, pero, eso sí, “mejoradas” para ellos y “empeoradas” para los pueblos.

Lo más probable es que los más poderosos tratarán de imponer a los estados más débiles sus condiciones para que contraigan préstamos y créditos que se distribuirán según su lógica: la mayor parte para los bolsillos del poder económico-financiero local (dependiente y fatalmente asociado con el capital transnacional) y las migajas para algún que otro programa de “alivio”.

Mediante los mecanismos ejercidos por los grandes centros del poder económico y financiero, se establecerán controles y condiciones mediante los cuales se aumentará la deuda externa de estos países, cediendo así la parte de soberanía que aún les queda y las grandes mayorías verán cómo se pierden sus derechos al tiempo que también tendrán que asumir, de una u otra forma, la pesada carga de esa deuda.

De paso, y a cuenta de “los nuevos tiempos de pospandemia”, se impondrán nuevas formas de organizar el trabajo bajo innovaciones derivadas del teletrabajo, trabajo en casa o cualquier otra variante similar que tribute al refinamiento y al perfeccionamiento de la explotación a favor de la ganancia y la acumulación de capital, distribuida cada vez en menos manos. Al mismo tiempo, manejarán la profunda fatiga y padecimiento psicológico y espiritual que ha vivido la mayor parte de las poblaciones a causa de la pandemia, chantajeando con el miedo de no poder regresar a la “vida añorada” que tenían antes que llegara el virus.

Todo esto exige respuestas que confronten las pretensiones del modelo neoliberal por perpetuarse en este nuevo marco de confrontaciones que configura el escenario de la pospandemia. En sociedades despolitizadas, donde además impera el individualismo y el consumismo, se ha convertido en la base fundamental del sentido existencial de la gente, este proyecto neoliberal pospandémico tendrá muchas más oportunidades de imponerse, aun cuando tampoco debemos pensar que les será fácil ni que han ganado la batalla antes de librarla. Los pueblos, tarde o temprano, irán rebelándose y construyendo alternativas.

En todo caso aquí, en nuestra República Bolivariana de Venezuela, también estamos conectados a ese escenario postpandémico, pero, y sin pretender ponernos como ejemplo, hace ya algún tiempo que hemos venido intentando construir una alternativa a ese modelo hegemónico al que sabemos dañino, depredador y deshumanizante.

Nuestros ensayos para encontrar esas alternativas recorren el largo y sinuoso camino de las grandes transformaciones, enfrentando obstáculos y encontrando a cada paso contradicciones, ambivalencias, avances y retrocesos. Pero lo vamos construyendo y le vamos dando forma y esa alternativa lleva por nombre el socialismo bolivariano del siglo XXI, el cual tiene como uno de sus principales pilares al Estado comunal.

Hoy, cuando además de la pandemia y de las pretensiones hegemónicas del neoliberalismo por perpetuar su modelo, debemos también enfrentar el bloqueo, el asedio y las agresiones permanentes del imperio estadounidense y sus secuaces internacionales y locales, la construcción del Estado comunal es el camino que, por fuerza, debemos recorrer.

La comuna, como expresión fundamental del propio Estado comunal, es el horizonte del buen vivir donde la convivencia entre los seres humanos y con el ambiente no está signada por la competencia, ni el individualismo ni el consumismo ni mucho menos la depredación. Lo comunal son relaciones sociales distintas.

El ejercicio y el sentido de la política en la comuna no se reducen al acto de protestar, manifestar o votar cuando corresponde, sino que se expresa en la participación protagónica y en el ejercicio directo del poder por parte del pueblo a través del autogobierno comunal.

La economía y la producción, en la comuna, no se esclavizan ni supeditan al mercado ni mucho menos a los intereses del capital transnacional, sino que pone al ser humano en su centro, promoviendo un sentido social y liberador del trabajo. La comuna es independencia y soberanía, rompiendo con el colonialismo y enfrentando al imperio con dignidad y firmeza.

Tarea nada fácil y compleja por demás, justamente porque no es una receta ni un panfleto ni una consigna vacía. Construir la comuna es una opción que con mucho trabajo hemos ido convirtiendo en un camino propio que, gracias al proceso revolucionario bolivariano, se intenta retomar luego de siglos de dominio y colonización. Como bien dicen los antropólogos Iraida Vargas y Mario Sanoja, “el pueblo venezolano ha recorrido un largo camino para llegar a la Revolución Bolivariana y al despertar de la sociedad comunal”, el cual ahora es necesario profundizar y radicalizar.

Se cuenta para ello con el aporte y sustento real y concreto de muchas experiencias en todo el territorio nacional y a cuya cabeza está un verdadero ejército de comuneros y comuneras que no solo creen en lo que hacen, sino que en ello han puesto su vida y sus convicciones. De ellos y de ellas, tenemos mucho que aprender y juntos y juntas, debemos promover un profundo y auténtico diálogo de saberes del cual debe brotar la savia para avanzar a plenitud en esta construcción de la sociedad comunal.

Contamos también con un marco jurídico que apuntala y ayuda a canalizar este camino;  pero las leyes no decretan los procesos sociales, culturales, económicos y políticos ni tampoco tienen el poder de generar, por sí mismas, la conciencia y la voluntad del sujeto histórico que debe asumir la conducción y el protagonismo de estas transformaciones. Todo ello exige un gran trabajo cultural, educativo y político al cual debemos avocarnos con pasión y con la absoluta convicción que en ello está no solo la salvación de la patria, sino también la consolidación de una alternativa real al peligro que representa la perpetuación del modelo neoliberal para la humanidad.

Nadie quería esta pandemia ni la necesitábamos para comprobar lo que el modelo hegemónico capitalista es capaz de hacer y generar. Tampoco necesitábamos de la pandemia para convencernos que el camino hacia la comuna es la base de nuestro socialismo bolivariano. Pero la pandemia llegó y, junto al bloqueo y al asedio que vivimos, representa una razón más para traer al presente aquel llamado profundo y sentido que hiciera el Comandante Chávez, aquel 20 de octubre de 2012, en el recordado “Golpe de timón”: ¡Comuna o nada! Hoy, más que nunca.

Continuaremos abordando sobre estos temas en próximas entregas, tomando como punto de partida aquella extraordinaria primera edición del programa del “Aló, Presidente” teórico, realizado el 9 de junio de 2009, donde el comandante Chávez expuso magistralmente un conjunto de fundamentos que representan claras bases teóricas para la construcción comunal. Todo lo allí expuesto tiene una enorme vigencia en la actualidad y sobre lo cual debemos ahondar y profundizar mucho más.

Fernando Giuliani

Psicólogo Social